Introducción a la pintura del romanticismo en España

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Sátira de un suicidio romántico, Óleo sobre lienzo. 35 x 28 cm. Museo Romántico. Madrid. España.

Delimitar el Romanticismo español es tarea difícil, pues se convive con estilos realistas y objetivos. Lo que sí podemos confirmar es que la clientela se trata de una nueva burguesía que gusta de nuevas actitudes estéticas y literarias. Y, mientras que en algunos puntos de Europa la pintura romántica cumple ya 60 años, en España hay que esperar a la década de los años 30 (del siglo XIX) para ver cómo florecen revistas, liceos artísticos y ateneos donde se promueva una nueva crítica de arte.

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Casa de Locos, 1812-14, obra de Francisco de Goya y Lucientes, óleo sobre tabla. Legado en testamento a la Academia, por D. Manuel García de la Prada. Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Madrid. España.

Géneros, Temáticas, Autores y Obras

Tanto la aristocracia como la alta burguesía demandan retratos, y este género, el retrato, fue uno de los que más cultivan los pintores románticos. Quizás sea Federico Madrazo (1815-1894) el retratista más importante del país, y su obra Condesa de Vilches, 1853, el mejor ejemplo del género pictórico. En esta obra apreciamos una composición delicada y refinada que se aleja de los parámetros neoclásicos. También apreciamos cierta influencia del pintor francés Ingres en el dibujo, y es que Madrazo tocó varios palos y viajó por toda Europa.

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Retrato de Doña Amalia de Llano y Dotres, condesa de Vilches, 1853, obra de Federico Madrazo y Kuntz, Óleo sobre Lienzo. 126 x 89 cm. Museo del Prado. Madrid. España.

El género costumbrista, es decir, el género que ofrece una visión popular y folclorista de prácticas y tradiciones, es el que difunde los mitos románticos y estereotipos españoles. Podemos destacar dos corrientes: la andaluza y la madrileña. La una de la otra son completamente distintas, y si la andaluza, con Valeriano Domínguez Bécquer a la cabeza, muestra escenas alegres con un fuerte colorido y una imagen divertida de la realidad, en la madrileña se representan imágenes mustias, juiciosas y crueles con un colorido más tétrico y terroso. Se puede decir que la escuela madrileña sigue la estela de Goya.

Campesinos sorianos bailando Valeriano Domínguez Bécquer

El baile. Costumbres populares de la provincia de Soria, 1866, óleo sobre lienzo, 65 x 101 cm, obra de Valeriano Domínguez Bécquer. Museo del Prado, Madrid, España

No podemos olvidar una tercera escuela, y la encontraremos en Cataluña, región que florece gracias a sus comerciales e industriales. También los burgueses catalanes desearon ser retratados. Pero además del retrato surge la Escuela de la Lonja, un grupo de pintores que pretendían recuperar la esencia del dibujo a la manera del movimiento pictórico alemán de los Nazarenos.

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Paisaje, 1866, obra de Lluis Rigalt, óleo sobre tela. 102 x 155 cm. Museo de Arte Moderno/Museo Nacional de Arte de Cataluña.

El Paisaje Romántico Español: Genaro Pérez Villaamil

Por último citamos el paisaje, y la figura más importante la encontramos en Genaro Pérez Villaamil (1807-1854), pintor gallego (aunque asentado primero en Andalucía y más tarde en Madrid) que viajó por Francia, Inglaterra y Bélgica. Famoso internacionalmente, llegó a vender obras a la monarquía francesa, y con la española llegó a convertirse en pintor de cámara con Isabel II.

Paisaje con río, castillo y escena de pescadores, 1828, Pérez Villaamil, Museo de Pontevedra

Paisaje con río, castillo y escena de pescadores, 1828, Pérez Villaamil, Museo de Pontevedra

En 1833 conoce a David Roberts, pintor romántico escocés, y juntos emprenden un viaje por España conociendo y plasmando paisajes y escenas pintorescas (típicas de un lugar). Pero antes del encuentro con Roberts, la obra juvenil de Villaamil es un tanto ecléctica, con referencias a la pintura flamenca del XVII y francesa del XVIII, aunque siempre con un aire prerromantico en los amplios paisajes con ruinas clásicas.

El Guadalquivir y la Torre del Oro, 1833, Museo del Prado, David Roberts

El Guadalquivir y la Torre del Oro, 1833, Museo del Prado, David Roberts

Inmediatamente después, e influido por Roberts y el romanticismo británico, la obra de Villaamil muestra lo aprendido del paisaje inglés, y en sus lienzos se representan neblinas, amplias perspectivas, arquitecturas medievales, personajes populares y puestas de sol. Todos estos elementos, acompañados de una pincelada viscosa, un colorido suave y una atmósfera casi etérea, generan un ambiente de ensoñación, un ambiente esencial en la pintura del romanticismo.

Manada de toros junto a un río al pie de un castillo, 1837, Pérez Villaamil, Museo del Prado,

Manada de toros junto a un río al pie de un castillo, 1837, Pérez Villaamil, Museo del Prado

Bibliografía consultada

(2010) SERRANO DE HARO SORIANO, A., Un nuevo sentimiento artístico. El Arte del Siglo XIX. UNED, Madrid

Webs consultadas

Museo del Prado

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