La arquitectura bizantina en Estambul

Santa Sofía de Constantinopla © Derzsi Elekes Andor

Santa Sofía de Constantinopla © Derzsi Elekes Andor

“La aplicación de la geometría a la materia sólida”, Antemio de Tralles. La cita resume la recuperación del conocimiento en la arquitectura bizantina. No se renuncia a la tradición romana, pues se utiliza el arco de medio punto y el sistema abovedado, sino que ésta es superada en el sistema constructivo y en el sentido espacial.

Características de la Arquitectura Bizantina

Si las bóvedas de cañón cubren espacios longitudinales, las de arista y las cúpulas cubren los espacios cuadrangulares, limitados por arcos o vanos. Y, una de las características esenciales de esta arquitectura es la unión o fusión de planta centralizada y basilical. Los primeros ejemplos los encontramos en los santuarios paleocristianos de Tierra Santa y Bizancio y siguen la tradición con la intersección de ambos sistemas: la cruz griega inscrita en un cuadrado o rectángulo.

Catholicon, Basílica del Santo Sepulcro, Jerusalén, ©  Poco a Poco

Catholicon, Basílica del Santo Sepulcro, Jerusalén, © Poco a Poco

La forma de cubrir el espacio se consigue empleando cúpulas de media naranja que se sustentan sobre otras de menor tamaño y altura que descargan su peso. Son medias cúpulas que a su vez se apoyan en otras tres consecutivas en un nivel inferior. Así, no sólo vemos cómo el interior crece a lo alto, sino también a lo ancho. Ligereza que se explica mediante el empleo de materiales poco pesados (como los tubos huecos de barro cocido). El elemento que facilita la transición de un espacio cuadrado a uno circular se denomina pechina, y se trata de un triángulo esférico que facilita la elevación de la cúpula.

Interior de Santa Sofía © Tranxen

Interior de Santa Sofía © Tranxen

Respecto a los soportes vemos columnas y pilares de forma alternativa y capiteles de orden corintio (aunque esquematizados con reducción en las hojas de acanto) labrados con la técnica del trépano. Se crea además un elemento nuevo: el cimacio, pieza con forma de pirámide truncada que eleva la columna.

Pilar y capitel bizantino en Santa Sofía de Constantinopla © Gryffindor

Pilar y capitel bizantino en Santa Sofía de Constantinopla © Gryffindor

Introducción histórica a Santa Sofía de Constantinopla

En el año 395 se divide el Imperio Romano: Occidental con capital en Roma y Oriental con sede en Bizancio. Y mientras occidente sucumbe a las tribus del norte de Europa, Oriente, que sobrevive a las embestidas, goza de estabilidad. En el Imperio Romano de Oriente se hablaba el griego ya que estos territorios antes de ser invadidos por los romanos eran helenísticos.

Mapa del Imperio bizantino en 550 d. C. bajo el reinado de Justiniano © Red4tribe

Mapa del Imperio bizantino en 550 d. C. bajo el reinado de Justiniano © Red4tribe

Un helenismo que renace con la caída de Roma y que transforma el Imperio de Oriente, un imperio que sobrevive hasta 1453, año en el que Constantinopla cae en poder de los turcos. Volviendo al Imperio de Bizancio, éste va unido al triunfo del Cristianismo, y éste último es esencial para el desarrollo de las artes bizantinas. Pero también juega un papel importante la antigua sabiduría helenística, que iba y venía de Grecia y Turquía.

Representación del asedio a Constantinopla, 7 de abril - 29 de mayo de 1453, Atribuido a Philippe de Mazerolles - Bibliothèque nationale de France

Representación del asedio a Constantinopla, 7 de abril – 29 de mayo de 1453, Atribuido a Philippe de Mazerolles – Bibliothèque nationale de France

Santa Sofía de Constantinopla
Con el terremoto del año 558 se desploma la cúpula. Ya fallecidos sus arquitectos, el proyecto de volver a levantarla recae en una comisión de expertos liderada por Isidoro el Joven, sobrino de Isidoro de Mileto (anterior arquitecto junto a Antemio de Tralles, que también fue filósofo y geómetra). En principio la cúpula era de 32 metros de diámetro por 55 de altura pero al hundirse ésta se sustituye por otra de nervadura más elevada que la anterior en el año 563.

La construcción de Santa Sofía, durante el reinado del emperador Justiniano, miniatura 38 de la Crónica de Constantino Manasés, del siglo XIV.

La construcción de Santa Sofía, durante el reinado del emperador Justiniano, miniatura 38 de la Crónica de Constantino Manasés, del siglo XIV.

El exterior del edificio carece de decoración, dejando ver el ladrillo con el que se construye, pero Santa Sofía es complejidad y originalidad, y se la conoce como la de la geometría aplicada a la materia sólida. Y es que en ella se combina la planta basilical y la centralizada, es decir, una cruz griega inscrita en un rectángulo.

Vista del exterior de Santa Sofía © Arild Vågen

Vista del exterior de Santa Sofía © Arild Vågen

La planta recoge un atrio (recinto cerrado, suele estar porticado, precede a la entrada de un edificio), un exonártex (se trata de un nártex interior cuando hay dos de ellos contiguos en una basílica) y un nártex (parte del atrio, porticado, reservado a los catecúmenos) adjuntos a un rectángulo cuyo espacio central, cuadrado y demarcado por cuatro pilares, definen una centralización cubierta por una cúpula. Esta simbiosis es lo que la convierte en original.

Nártex de Santa Sofía © Ian Scott

Nártex de Santa Sofía © Ian Scott

Los cuatro pilares sirven de soporte a cuatro arcos sobre los que descansa la cúpula, sostenida ésta por pechinas (pequeños triángulos curvilíneos que sirven como ‘paso’) que hacen posible pasar de la planta cuadrada a la circular de la cúpula y en cuya parte baja se abren cuarenta ventanas que permiten el paso de la luz.

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La luz crea lo místico, ya que los rayos que entran por los vanos (las ventanitas) convergen entre sí debido a que lo que separa cada ventana es menos ancho que el propio vano, por lo tanto la cúpula central parece estar sostenida en el aire.

Cúpula de Santa Sofía © Christophe Meneboeuf

Cúpula de Santa Sofía © Christophe Meneboeuf

Por otra parte, el gran empuje de la cúpula se contrarresta al este y al oeste mediante dos semicúpulas, cada una flanqueada por dos exedras (bancos semicirculares) también con semicúpulas. Una bóveda de cañón conduce a un ábside en el este y un nártex en el oeste.

Hagia Sophia, Interior, ©  سبأ

Hagia Sophia, Interior, © سبأ

Su interior dista del aspecto que presentaba en época de Justiniano pues en ese tiempo se encontraba recubierto de losas de mármol y de mosaicos. Durante el periodo iconoclasta (desde el 726 al 843), etapa donde se prohíbe la realización de imágenes religiosas y se destruyen obras anteriores de la época de Justiniano, los mosaicos desaparecen y, posteriormente, tras la toma de Constantinopla por los turcos se convierte en Mezquita quedando el interior muy transformado. En cualquier caso lo bello del lugar es su diafanidad, es decir, su amplio espacio luminoso producido por todos los vanos que rodean las cúpulas y semicúpulas.

Vista de la cúpula de Santa Sofía de Constantinopla © Moyan Brenn

Vista de la cúpula de Santa Sofía de Constantinopla © Moyan Brenn

Como soportes se utilizan de forma alternativa la columna o el pilar y se incorpora un elemento nuevo, el cimacio: pieza en forma de pirámide truncada que eleva la columna. Por otra parte, los capiteles, corintios, experimentan un proceso de esquematización y abstracción respecto a los modelos clásicos, es decir, que se reduce el tamaño de las hojas de acanto. Además, estos capiteles se labran con una técnica que se consigue mediante un instrumento llamado trépano, el cual sirve para horadar, y por este motivo vemos incisiones y oquedades con amplios contrastes entre luz y sombra.

Soportes en Santa Sofía de Constantinopla © Josep Renalias

Soportes en Santa Sofía de Constantinopla © Josep Renalias

La Iglesia de Santa Irene

Ni revueltas populares como la de Niká en el año 532 ni terremotos como el de 740 consiguieron hacer desaparecer a este templo cristiano ortodoxo de la historia. Es más, gracias a los desastres tuvo la fortuna de renacer en mejores condiciones. La historia nos sigue contando que el lugar donde se levanta Hagia Irene pertenecía a otro templo antiquísimo, muy probablemente pagano, anterior al siglo IV. Y, de esta pequeña iglesia cristiana siempre se ha dicho que era la hermana pequeña de Hagia Sophia, siempre se ha mantenido que sus dimensiones son más reducidas.

La Iglesia de Santa Irene, vista del exterior © Gryffindor

La Iglesia de Santa Irene, vista del exterior © Gryffindor

De todas formas hay que recordar que mientras se edificaba Hagia Sophia, con fecha anterior al año 537, la Iglesia de Santa Irene servía como iglesia madre. Y es que una vez terminada la primera, ambas ejercieron como un mismo templo, las dos con un mismo cabildo, es decir, con un mismo equipo eclesiástico. Así fue que se las conocía como megaleeklesia, la Gran Iglesia.

Interior de Santa Irene, fotografía tomada en 1912 por Gurlitt

Interior de Santa Irene, fotografía tomada en 1912 por Gurlitt

Y las dos adoptan nuevas soluciones arquitectónicas. Se acaba de decir que se la conoce como la hermana pequeña de Hagia Sophia y es que a pesar de seguir el mismo esquema de conjugar planta basilical y centralizada, en Hagia Irene no se alcanza el mismo espacio unificado. Su planta basilical cuenta con dos cúpulas donde vemos una predominante nave central dividida por un arco de grandes dimensiones en dos partes. Cada parte se encuentra cubierta por una cúpula sobre pechinas. Y aunque las dos cúpulas son iguales en anchura, no lo son en altura.

Interior de Santa Irene © Gryffindor

Interior de Santa Irene © Gryffindor

Una de ellas corona un tambor cilíndrico con pequeñas ventanas, al igual que Hagia Sophia, pero la otra cúpula,  la de menor altura, se apoya sobre los arcos. Las bóvedas las vemos en las naves laterales, en las inferiores las de arista y en las superiores las de cañón. Entonces, ¿dónde vemos las novedades? En una variante nunca antes vista de sustentación tectónica, es decir, en la cúpula que reposa sobre tramos con bóveda de cañón. Esta novedad convierte a Hagia Irene en otro ejemplo más de tipología de basílicas con cúpula.

Cúpula de Santa Irene © Gryffindor

Cúpula de Santa Irene © Gryffindor

La Iglesia de los Santos Sergio y Baco

Conocida como la mezquita pequeña santa sofía, este templo musulmán tiene su origen en una iglesia ortodoxa dedicada a los santos Sergio y Baco, de ahí su nombre. En la Primera Edad de Oro Bizantina también encontramos la tipología de planta central, y junto a San Vital de Rávena, la iglesia de los Santos Sergio y Baco, construida entre el 527 y el 536, es un ejemplo perfecto de la  inicial arquitectura bizantina en Estambul.

Interior de la Iglesia de los santos Sergio y Baco (mezquita pequeña santa Sofía) © Dave Proffer

Interior de la Iglesia de los santos Sergio y Baco (mezquita pequeña santa Sofía) © Dave Proffer

Y es que la iglesia, que formaba parte del desaparecido monasterio de Hormidas, presenta un templo cuadrado con un núcleo central octogonal que alterna lados rectos y exedras. Sin olvidar su cúpula gallonada de 16 metros de diámetro e iluminada por ocho ventanas abiertas al tambor que cubre el cuerpo central. Respecto a la cubierta, ésta se apoya en arcos sostenidos por unos pilares que posibilitan la existencia de un segundo piso de vanos. La capilla mayor, semicircular en su interior, es poligonal al exterior, siendo el pórtico que precede al nártex de añadidura turca.

Interior de la Iglesia de los Santos Sergio y Baco © Bollweevil

Interior de la Iglesia de los Santos Sergio y Baco © Bollweevil

Conclusión

La arquitectura bizantina puede parecer que presente pobreza en los exteriores pero contrasta con su riqueza interior, y es que las construcciones están relacionadas con las teorías neoplatónicas del cristianismo ortodoxo: “la belleza es lo que está oculto, en el alma, pero se descubre a través de los sentidos”.

Exterior de Santa Sofía © Steve Evans

Exterior de Santa Sofía © Steve Evans

Bibliografía consultada

TUSELL GARCÍA, Genoveva. El Arte Bizantino de los Siglos VI y VII. Historia del Arte de la Antigua Edad Media. Manual-UNED. 2011, Madrid.

VV.AA. Guía visual de pintura y arquitectura: Santa Sofía de Constantinopla. Editorial El País-Aguilar. 1997, Madrid.

VV.AA. Predominio de la Planta Central: La Iglesia de los santos Sergio y Baco. El Arte en la Edad Media. Editorial Universitaria Ramón Areces, UNED. Madrid, 2009

(1980) PIJOÁN, J.: Santa Irene. Las construcciones de Justiniano en Constantinopla. Arte Bizantino, vol. VII, Summa Artis. Espasa-Calpe, Madrid.

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