Las técnicas pictóricas: fresco, temple, acuarela y gouache

La última cena, temple y óleo sobre yeso (no es un fresco tradicional), obra de Leonardo da Vinci, refectorio del convento Santa Maria delle Grazie, Milán, Italia.
La última cena, temple y óleo sobre yeso (no es un fresco tradicional), obra de Leonardo da Vinci, refectorio del convento Santa Maria delle Grazie, Milán, Italia.

El fresco, el temple, el óleo, la acuarela, el pastel, etc. Éstas son las técnicas más conocidas, las tradicionales, pero a éstas hay que unir otras técnicas, las industriales, surgidas en el último siglo. Sin olvidar las técnicas mixtas. Las técnicas pueden clasificarse de distinta manera y los grupos más comunes se distinguen por el llamado médium o vehículo, es decir, dependiendo del aglutinante utilizado.

Frescos bizantinos en una iglesia de Göreme, Turquía (siglo XI) © Octavio L
Frescos bizantinos en una iglesia de Göreme, Turquía (siglo XI) © Octavio L

El pigmento disuelto en agua

Técnica: el fresco

Los tratados de pintura del siglo XV son la base, el manual de estudio, de toda persona interesada en la materia. De éstos también procede la terminología que emplea el resto de manuales desde entonces. Lo primero que se debe apuntar es que el Fresco es sinónimo de pintura mural. Pero no de cualquier pintura que cubra un muro. El fresco se realiza con pigmentos disueltos en agua sobre una capa de argamasa fresca. Es una técnica conocida desde antiguo, y todos los grandes maestros la han estudiado. Lo han hecho porque el fresco es resistente, porque penetra en el alma del muro. El fresco no es una capa sin más, envejece bien ante cambios de temperatura o de luz, aunque eso sí,  su mayor enemigo es la humedad.

Frescos minoicos, Museo Arqueológico Nacional de Atenas (siglo XVI a.C.) © Ricardo André Frantz
Frescos minoicos, Museo Arqueológico Nacional de Atenas (siglo XVI a.C.) © Ricardo André Frantz

La técnica: características, preparación del soporte y aplicación del pigmento.

Comienza con sobre una capa fresca de argamasa (mezcla de arena y cal apagada), usando pigmentos disueltos en agua. ¿Que seca la argamasa? Pues el pigmento también. Se funde todo. La cal, seca, sufre un proceso químico: se convierte en carbonato cálcico, en un material transparente e insoluble. Por esto el fresco es tan duradero.

Entrada de Jesús en Jerusalén, fresco traspasado a lienzo procedente de la ermita de San Baudelio de Berlanga (Soria), Indianapolis Museum of Art.
Entrada de Jesús en Jerusalén, fresco traspasado a lienzo procedente de la ermita de San Baudelio de Berlanga (Soria), Indianapolis Museum of Art.

La clave se encuentra en el primer paso: la preparación del soporte. Primero se cubre el muro, limpio y mojado, con dos partes de arena gruesa por cada parte de cal. Así se asegura la fijación de las siguientes capas. Esto se denomina fratasado. Después le siguen una o dos capas de enlucido secuencialmente más finas. Por último otra capa, sobre la que se pintará, y que será la más fina y de un blanco muy puro. Dichas capas deben ser uniformes.

La creación de Adán antes de la restauración de la Capilla Sixtina de 1980
La creación de Adán antes de la restauración de la Capilla Sixtina de 1980

La pintura aplicada, en el fondo, es pigmento mezclado con agua. Un pigmento que se vuelve fluido, manejable. Un pigmento que se dice no estar rodeado o encapsulado por un aglutinante, como en otras técnicas. Lo importante es elegir bien los colores, es decir, deben ser químicamente inertes, resistentes a la cal y a la atmósfera (de ahí que la paleta sea limitada en la técnica del fresco).

La creación de Adán, Capilla Sixtina, Ciudad del Vaticano, obra de Miguel Ángel, 1511.
La creación de Adán, Capilla Sixtina, Ciudad del Vaticano, obra de Miguel Ángel, 1511.

Otra cosa a tener en cuenta es el dibujo preparatorio. Debe ser detallada y rápida su ejecución. Un pequeño dibujo original debe aumentar de tamaño por medio de cuadrículas u otros métodos sobre paneles. En éstos se colocan los detalles y se puede colorear con diversas técnicas para terminar calcándose sobre la penúltima capa de mampostería (cuando esté seco). Este dibujo preparatorio se conoce como sinopia. Se realiza siguiendo las líneas del dibujo pinchando con un punzón y luego repasando todo con polvo de carbón (estarcido). La sinopia, pigmento rojizo, toma su nombre de la ciudad de Sinope in Ponto, en Asia Menor.

Sinopia de los frescos de la Abadía de San Galgano, Italia, de Ambrogio Lorenzetti (hacia 1430)
Sinopia de los frescos de la Abadía de San Galgano, Italia, de Ambrogio Lorenzetti (hacia 1430)

Teniendo la sinopia se aplica entonces la capa final, el llamado intonaco, y que se aplica día a día sólo en la parte que se puede pintar. Se trabaja a pontata, es decir, se enluce de arriba abajo y de izquierda a derecha en largas franjas horizontales. Por lo tanto, sólo se debe pintar mientras esté el intonaco húmedo, fresco, para que así los colores sean absorbidos por la pared. El intonaco debe aplicarse con cuidado siguiendo las líneas del dibujo, así, las uniones de las pasadas sesiones se disimulan (o incluso lleguen a ser invisibles).

Anunciación a los pastores, Fresco en el Panteón de los Reyes, San Isidoro de León
Anunciación a los pastores, fresco del Panteón de los Reyes, San Isidoro de León

Pintura en seco

Dentro de la técnica del fresco encontramos variantes. Una de ellas es el mezzo fresco, pintura mural realizada sobre un muro seco. Así, en seco, se aplican pigmentos mezclados con agua de cal. El fresco seco es otra variante, y es aquella técnica donde sobre una argamasa seca se aplican los pigmentos aglutinados en un  medio acuoso como caseína, huevo, cola, etc. Un ejemplo muy antiguo de la técnica en seco es la pintura rupestre, donde el pigmento se macera con sangre o grasa animal, o la mayoría de las antiguas pinturas egipcias.

Pintura mural egipcia. Cortejo funerario en la tumba de Ramose (Luxor)
Pintura mural egipcia. Cortejo funerario en la tumba de Ramose (Luxor)

También se utilizan las técnicas mixtas (se comienza en fresco y se termina en seco). La civilización romana gustaba de esta última técnica mientras que durante el renacimiento se terminaba con pintura al óleo. Y, por último, dentro de la técnica del fresco en seco, vemos la pintura a la cal, donde los pigmentos se extienden diluidos en agua con cal sobre el enlucido seco. Gracias al proceso de carbonatación de la cal los colores se unen a la pared.

Pintura mural en seco. Las tres gracias (Pompeya)
Pintura mural en seco. Las tres gracias (Pompeya)

Técnica: el temple

Básicamente se trata pinturas solubles en agua que al secar se vuelven insolubles. Lo translúcido es esencial en la técnica, tanto que está pensada para una obra pictórica donde predomine el dibujo, para que así, junto con los efectos de luminosidad y brillantez, parezca una pintura, digamos, tridemensional. ¿Cómo hacer? Primero se debe realizar un dibujo (detallado) en papel, luego éste se transfiere o calca sobre un panel tratado con el gesso (pulido) y por último se aplican las capas de color.

La Anunciación, obra de Fra Angelico, 1430, temple sobre tabla. Museo Del Prado, Madrid.
La Anunciación, obra de Fra Angelico, 1430, temple sobre tabla. Museo Del Prado, Madrid.

El temple al huevo

No sólo el color se mezcla con agua, también con elementos grasos. Es decir, el vehículo de los pigmentos es una emulsión, una mezcla en este caso estable y homogénea de ingredientes grasos y acuosos. Cierto es que el agua y el aceite no mezclan bien pero se pueden unir gracias a un estabilizador. Estabilizadores como gomas o colas. El temple utiliza diferentes emulsiones, quizás la más común sea la yema de huevo, emulsión natural. Desde antiguo se emplea la técnica, y el tratado más recomendable para su estudio y empleo es la obra de Cennino Cennini. Un temple al huevo que para realizar se debe separar la yema del resto del huevo. No debe quedar la clara. Entonces los pigmentos se mezclan con agua (nunca con más cantidad que yema) y se muelen hasta quedar todo bien disuelto. Finalmente, la mezcla obtenida, se enfrasca y se cubre con un paño húmedo (para mantener la mezcla fresca).

El nacimiento de Venus, obra de Sandro Botticelli, 1484, Temple sobre lienzo. Galeria degli Uffizi, Florencia
El nacimiento de Venus, obra de Sandro Botticelli, 1484, Temple sobre lienzo. Galeria degli Uffizi, Florencia

Técnica: acuarela y gouache

Agua sobre papel. Los pigmentos empleados son molidos finísimos en agua y goma arábiga. Es una técnica que se basa en aplicar veladuras transparentes. Sus pigmentos son opacos, y el efecto conseguido es de tonos brillantes. Como en todo, si se hace correctamente, respetando leyes naturales, la acuarela puede diluirse hasta donde se quiera. Se trata además de una técnica estable, donde el diluyente, el agua, seca por simple evaporación. No hay química durante dicho proceso.

San Giorgio de Venecia de Joseph Mallord, obra de William Turner. Acuarela.
San Giorgio de Venecia de Joseph Mallord, obra de William Turner. Acuarela.

El gouache también utiliza colores al agua pero con una preparación diferente, es decir, la acuarela se obtiene con pigmentos secos y goma arábiga pero en el gouache el porcentaje de aglutinante es mayor, además de incluirse en su paleta pigmentos inertes como la creta, la acuarela blanca china y el blanco fijo. Son estos pigmentos los que aportan un efecto opaco. Pero también se puede decir que el gouache es acuarela con pigmentos blancos. De todas formas en el gouache vemos diferencias en cuando a la técnica, en cuanto al proceso. Es decir, en el gouache se añade azúcar, almidón o acrílico para retardar el secado. Por último, otro factor a tener en cuenta es que mientras la acuarela muestre manchas de color sobre papel, el gouache es una pintura que forma una película de espesor apreciable.

Lamentación sobre Cristo muerto, obra de Andrea Mantegna, hacia 1475, técnica del gouache.
Lamentación sobre Cristo muerto, obra de Andrea Mantegna, hacia 1475, técnica del gouache.

Para comprender la terminología y el contexto histórico se recomienda consultar los siguientes enlaces

Componentes de la pintura: pigmentos y aglutinantes

Pintura y materia: el color y la luz

Bibliografía Consultada

ALEGRE CARVAJAL, E., Las técnicas pictóricas. El fresco. Técnicas y medios artísticos (segunda edición). Madrid. Editorial centro de estudios Ramón Areces , S.A. 2011. pp. 187-207.

CALZADA ECHEVERRIA, A., Diccionario clásico de Arquitectura y Bellas Artes. Barcelona. Ediciones del Serbal, S.A. 2003.

 

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2 comentarios en “Las técnicas pictóricas: fresco, temple, acuarela y gouache

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