Iconoclastas e Iconódulos: Las Vírgenes de Vladimir y Jaroslav

Destrucción de una iglesia por orden de Contantino V, Miniatura de Las Crónicas de Manasses, siglo XIV
Destrucción de una iglesia por orden de Contantino V, Miniatura de Las Crónicas de Manasses, siglo XIV

El siglo IX bizantino entiende sus obras de arte como una esencia sobrenatural de lo divino, comenzando así un arte unido al dogma de la ortodoxia (durante el siglo anterior transcurre el conocido como periodo Iconoclasta).
Los Iconódulos, contrarios a los Iconoclastas, hablaron de veneración y no de idolatría, es decir, se podía retratar a Cristo, la Virgen o los Apóstoles, pero no la sustancia. Los iconoclastas mantenían que aquel que representase mediante figuración humana imágenes sagradas estaba maldecido. Para los iconoclastas, la verdadera imagen de Cristo era el pan, para la eucaristía el vino. Pero los iconódulos alegaban ¿Por qué representar con un pan a Cristo si podemos expresar su figura? Hay quien fue todavía más allá: “Jesucristo, al ser Dios y Hombre, tiene una segunda naturaleza, lo que le permite ser representado”.

Iconoclasta blanqueando un mosaico de Cristo, Salterio Chludov, siglo IX
Iconoclasta blanqueando un mosaico de Cristo, Salterio Chludov, siglo IX

Y así fue que esta guerra la vencen los iconódulos, y ya en tiempos del emperador bizantino Miguel III se restaura el culto a los iconos. Surgen entonces las convenciones y normas de representación: la codificación iconográfica bizantina. Se habla así de imágenes espirituales, que no se crean para idolatrar sino para venerar, pues iconodulia se traduce como veneración (dulía) de la imagen (icono). Son obras que rechazan el realismo y la naturaleza corporal. En cuanto a lo técnico los materiales empleados son la madera, el metal, el esmalte e incluso el mosaico al temple (huevo como aglutinante). Sobre los procedimientos técnicos predomina la pintura sobre tabla, preparada ésta con una tela recubierta de yeso. Los colores juegan un papel muy importante en estos iconos bizantinos y poco a poco se alejan de los modelos grecorromanos.

Iconoclastas en una iglesia. Pintura al óleo de Dirck van Delen, 1630. Riksmuseum Amsterdam
Iconoclastas en una iglesia. Pintura al óleo de Dirck van Delen, 1630. Riksmuseum Amsterdam

Es en este arte donde predomina por encima de todo el oro. El oro es un color fundamental, y cubre la totalidad del soporte. Además, el oro simboliza lo divino por encima de lo terrenal, de ahí que los tonos oscuros se empleen en las manos, rostros y ropajes. Por otra parte tenemos los tonos azulados y los rojizos, los primeros hablan de lo infinito y los segundos del fuego, del llamado verbo divino. Seguidamente se analizan, de forma breve, dos pinturas que responden a estas características.

Virgen de Vladimir (Galería Tetriakov, Moscú), primera mitad del siglo XII.
Virgen de Vladimir (Galería Tetriakov, Moscú), primera mitad del siglo XII.

La Virgen de Vladimir

Tabla expuesta en la Galería Tetriakov de Moscú, dentro de lo puramente artístico se trata de un claro ejemplo de obra tras el periodo Iconoclasta. La Virgen con el Niño sigue con el estilo conservador caracterizado por el convencionalismo ‘pre-Iconoclasta’, pero de una forma mucho más sencilla, es decir, más simple en la línea. Por otra parte, los tonos oscuros se destinan a las manos, rostros y vestimentas, como podemos apreciar en la obra. El propio fondo doradosímbolo de lo sagrado frente a lo terrenal, representa ‘lo irreal’ y acentúa la ‘planitud’ en las formas haciendo que sobresalga la figura de la Virgen. Parece entonces que poco ha cambiado, ¿no? pues todo lo contrario, pues respecto a las Vírgenes anteriores, ésta se muestra ‘más humana’, es decir,  más cariñosa y protectora, ya que inclina su rostro sobre el Niño. La Virgen representara a la Iglesia, lo divino, pero a la vez a la humanidad, a lo humano. La Virgen de Vladimir se trata de un icono que rompe con el hieratismo propio de Constantinopla y se convierte en un referente más sentimental y por lo tanto más cercano.

Detalle de la Virgen de Vladimir (Galería Tetriakov, Moscú), primera mitad del siglo XII.
Detalle de la Virgen de Vladimir (Galería Tetriakov, Moscú), primera mitad del siglo XII.

La Virgen de Jaroslav

Más conocida entre el pueblo ruso como La Virgen del Signo, se trata de un modelo conocido como Blachernitissa (con aureola en el vientre, indicando la maternidad), y que, como la Theotokos (madre de Dios, ofrece al niño frutas, flores), la Kyriotissa (entronizada, sosteniendo al niño entre sus piernas) o la Galactotrofusa (virgen de la leche), son distintos ejemplos dentro de la iconografía de la virgen. A la Virgen de Jaroslav la vemos totalmente erguida, renunciando así al antiguo hieratismo (modo de silenciar, digamos, lo hermético). Y es que su actitud de orante a la antigua, con los brazos alzados y con las palmas hacia arriba, no sólo nos habla de los profundos cambios que en el arte bizantino se dieron en los siglos siguientes, sino de una mediación entre Dios y los seres humanos.

Madre de Dios, kyriotissa, mosaico, siglo IX, Hagia Sophia, Estambul
Madre de Dios, kyriotissa, mosaico, siglo IX, Hagia Sophia, Estambul

La imagen, que implora, se considera viva, llena de alegría, pero no podemos negar que a su vez se muestra seria, inmóvil… y es que, de eso se trata, de un objeto de veneración, no de idolatría. Por lo tanto, la sensación que transmite es serena, incrementada por la simetría que domina la imagen. Simetría en su rostro, en las telas y en los cuatro círculos que la acompañan. Cuatro aureolas que encierran la cabeza de la virgen, su pecho (donde se encuentra el salvador) y los dos ángeles que aparecen en la parte superior. Aunque es cierto que en la obra podamos apreciar suntuosidad, sobre todo en los medallones, y que notemos una especie de libertad, enemiga de los dogmas, a la hora de expresar cierta ligereza en los rostros de los ángeles, porque, si bien es cierto que se presentan austeros, no dejan de mostrarse estilizados, con sus pómulos resaltados.

Virgen de Jaroslav, 1200 circa, Galería Tetriakov, Moscú.
Virgen de Jaroslav, 1200 circa, Galería Tetriakov, Moscú.

Para comprender mejor la terminología y el contexto histórico se recomienda consultar los siguientes enlaces

Simbología y Origen de la Iconografía Cristiana

La simbología en el arte románico

Bibliografía consultada

(2011) TUSELL GARCÍA, G. El Arte Bizantino a partir del siglo VIII. Arte de la Antigua Edad Media. Editorial Universitaria Ramón Areces, Madrid

(1998) ALLENOV, M; DIMITREVA, N; MEDVEKOVA, O. El Arte Ruso. Summa Artis, Tomo XLIV. Espasa Libros, S.L., Madrid

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