Los nuevos materiales de la arquitectura industrial

Detalle de la cubierta de acero y cristal del Museo Británico, Londres © Qmin
Detalle de la cubierta de acero y cristal del Museo Británico, Londres © Qmin

Hablar de revolución industrial supone hacerlo de nuevos materiales y de nuevas edificaciones. Por otra parte, el crecimiento demográfico precisaba de nuevos edificios, como viviendas, fábricas, estaciones de ferrocarril, museos, bibliotecas… y es que las ciudades crecieron a un ritmo vertiginoso durante el siglo XIX. Y es en este siglo cuando surgen los altos hornos, donde se trabaja un nuevo material: el hierro fundido. La fundición y los aceros supusieron una auténtica revolución arquitectónica pues salvaron grandes vanos con piezas rectas. Otro material novedoso, el cemento artificial (junto al acero), moderniza y racionaliza la arquitectura moderna. ¿Por qué? Por sus ilimitadas formas estructurales, porque crearon espacios de grandes dimensiones, por su facilidad de empleo y por su rapidez a la hora montar dichas estructuras. Tenemos así materiales como el hierro, el vidrio, el cristal, el acero y el hormigón, que se resumirán seguidamente.

Cubierta de hierro y cristal del museo de Orsay, antigua estación de París © Eric Pouhier
Cubierta de hierro y cristal del museo de Orsay, antigua estación de París © Eric Pouhier
Estructura de cerchas de hierro fundido con construcción en piedra, Museo de Ciencias de Londres ©  Chris Chabot
Estructura de cerchas de hierro fundido con construcción en piedra, Museo de Ciencias de Londres © Chris Chabot

El hierro

El hierro fundido surge en el siglo XVIII aunque el hierro se conoce desde la prehistoria. Pero en Grecia y en Roma preferían el bronce, ya que resistía mejor a las inclemencias del tiempo, eso sí, sólo como trabazón (como pieza de unión), no como pieza básica de la estructura. Así se emplea durante la historia del arte, sin olvidar su uso en armas y herramientas de trabajo, en puertas de templos y capillas (totalmente decoradas) incluso en ajuares, tanto religiosos como civiles. ¿Por qué no se emplea hasta finales del siglo XVIII? Porque su producción no es industrial. Se consideraba pues costosa, ya que se extraía en pequeñas cantidades. Además, no resistía de la misma manera que la piedra a los cambios atmosféricos. Pero resistía el fuego, no así la madera. Un incendio acaecido en la cubierta del teatro de París hizo a Víctor Louis realizar una cubierta de hierro fundido.

Estructura interior de hierro y cristal del mercado de Covent garden de Londres (1830-1833) © Friedrich Fröbel
Estructura interior de hierro y cristal del mercado de Covent garden de Londres (1830-1833) © Friedrich Fröbel

Y, si antes fueron las llamas, ahora son las nuevas ideas constructivas las que se propagan. Edificios públicos de toda Europa aplican las nuevas estructuras, como el Royal Pavillion de Brighton, de estilo neoindio coronado con cúpula en forma de bulbo sostenida por columnas de hierro; el Hall Central de París o el Palacio de Cristal de Praxton, de la Exposición de Londres de 1851, ambas vestidas por hiero y cristal. Centrándonos en este último edificio, hay que decir que fue revolucionario pues ya no se diferencia entre exterior e interior. Todo es cristal, nada pretende ser opaco. Y, según se avanza en la centuria se crean nuevas edificaciones, como la biblioteca parisina de Sainte-Genevieve, la Ópera de Garnier (también en la capital francesa) y estaciones de ferrocarril, como la londinense de St. Pancras o la de Atocha en Madrid. El punto culmen de esta primera etapa se estudia como la parisina Torre Eiffel, construida para la exposición universal de 1889.

Cubierta exterior de hierro fundido y cristal, Hall Central, París © Gérard Ducher
Cubierta exterior de hierro fundido y cristal, Hall Central, París © Gérard Ducher

El vidrio y el cristal

Fusionando, a altas temperaturas, una mezcla de arena y carbonato sódico o potásico a la que se le añade pequeñas cantidades de carbonato cálcico, magnesio, aluminio y otros cuerpos se obtiene una sustancia mineral: el  vidrio. El cristal se conoce por su nombre desde el siglo XV por ser lo más transparente de la industria del vidrio. Un cristal que se forma por vidrio potásico y cal. Desde entonces, y hasta el siglo XIX, se empleó únicamente cerrando vanos. Pero poco a poco los muros se iban liberando…los distintos nuevos materiales facilitaron el cerramiento total con el cristal. Una vez más los procesos industriales influyen en el desarrollo de las nuevas construcciones. Así surgen los invernaderos de cristal, ejemplos perfectos de lo que se entendía en el momento como lo higiénico. Ya en el gótico los templos cerraban sus muros con vidrieras, a tal punto que la La Sainte-Chapelle de París era sinónimo de caja de cristal, donde la luz era la vida, el símbolo. En el siglo XIX intentaban hacer ver algo parecido, es decir, cerrando todo con cristal y sostenido por el hierro, las creaciones de Joseph Paxton y William Turner mostraban de una forma artificiosa un control climático y de iluminación para el crecimiento de las plantas.

Detalle de la Torre de Cristal, Madrid © Zarateman
Detalle de la Torre de Cristal, Madrid © Zarateman

 El acero y el Hormigón

Si el hierro fundido es el rey en la primera mitad del siglo XIX, el acero lo destrona en la segunda. Lo hace porque es más resistente y más elástico, además de poder producirse en grandes cantidades y de calidad. Es cierto que el hormigón moderno surge en 1849, aunque no se emplea en arquitectura hasta 1883. Así, acero y hormigón artificial, reinan durante todo el siglo XX. De vuelta al acero, éste trabaja a flexión y resiste como si fuera a compresión, no hay límites para construir cualquier estructura, ya sea vertical u horizontal, teniendo así los rascacielos y todo tipo de amplios interiores en edificios públicos (ayuntamientos, museos). Queda claro que con el acero se puede construir cualquier estructura, ya que se comporta sin problema a todo tipo de tensiones, y que se puede combinar con cualquier material.

Detalle constructivo de la pirámide del Louvre, París © Conxa Roda
Detalle constructivo de la pirámide del Louvre, París © Conxa Roda

De nuevo con el hormigón, el cemento artificial. Se obtiene por calcinación, hasta el punto de fusión de mezclas dosificadas a base de caliza y arcilla con producción del clincker, es decir, un compuesto vitrificado de silicatos, aluminatos, ferritos, cal, magnesia…Son cementos conocidos como Portland, pues es en la ciudad inglesa donde por primera vez se prepararon en 1824. ¿Cuánto tarda en fraguar el mortero que se obtiene al mezclarse con agua? Entre 1-12 horas. Y, tenemos dos tipos de hormigones: hormigones en masa y hormigones armados. Los primeros son más “dóciles”, pues se adaptan a cualquier molde, toman cualquier forma que precise la estructura. A partir de éstos surgen los segundos, formados por la inclusión de armaduras metálicas. El nuevo material se diseña partiendo de una base de adherencia entre el acero y el hormigón. Es decir, el hormigón trabaja a compresión y el acero a tracción. Es pues un material universal y estable, válido para cualquier estructura.

Empire State Building, Nueva York, 1931. En su construcción se utilizaron bloques prefabricados © Lechhansl
Empire State Building, Nueva York, 1931. En su construcción se utilizaron bloques prefabricados © Lechhansl

Surge así La Escuela de Chicago, y con ésta los rascacielos, que desde finales del siglo XIX se construyen en ciudades como la propia Chicago y Nueva York, en los Estados Unidos. Con estas investigaciones, y con la invención del ascensor eléctrico, se crean las múltiples viviendas dentro de un mismo edificio. Todo se comienza a producir en masa, incluso los hogares, como así se ha ido viendo a lo largo del siglo XX. Son las necesidades las que empujan la evolución, los cambios en las técnicas, es decir, el terreno pantanoso de Chicago propició la empleo de calefacción central, ascensores, cimientos de hormigón…Nueva York prácticamente lo mismo, pues el poco espacio para urbanizar fomentó la construcción de edificios de gran altura. Consiguieron una nueva tipología de edificios, siempre de varios pisos, ya sean viviendas para particulares ya sean oficinas para empresas. Lo hicieron combinando la mampostería de piedra para la fachada y el hierro para la estructura del interior. El acero se convertía en el chasis del edificio, que se construían en relativamente poco tiempo, solucionando así los también nuevos problemas de la nueva ciudad, es decir, la indudable escasez de terreno y la ilusoria carencia de tiempo.

Conjunto de rascacielos, en ele centro de la imagen el edificio Chrysler, Nueva York, 1930 © Andrés Nieto Porras
Conjunto de rascacielos, en ele centro de la imagen el edificio Chrysler, Nueva York, 1930 © Andrés Nieto Porras

Para comprender mejor la terminología y el contexto histórico se recomienda consultar los siguientes enlaces

La construcción en piedra, barro y madera

La construcción preindustrial: arquitectura adintelada y abovedada

Breve crítica a la nueva ciudad industrial, por Welby Northmore Pugin

Bibliografía Consultada

(2011) ALEGRE CARVAJAL, E., Nuevos materiales y renovación arquitectónica. Técnicas y medios artísticos (segunda edición). UNED, Madrid

(2003) CALZADA ECHEVERRIA, A., Diccionario clásico de Arquitectura y Bellas Artes. Ediciones del Serbal, Barcelona

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