La pintura románica

Interior de la Iglesia de San Román, Toledo © evocarte.es
Interior de la Iglesia de San Román, Toledo © evocarte.es

La pintura en el románico no debe ser idolatrada sino venerada (Cristo, la Virgen o distintos mártires), y ha de ser una representación de lo venerado, no una veneración a lo representado. Debe además acoplarse a la arquitectura y debe reconocerse claramente aquello que se representa. Estas son las reglas que se dictaban en el occidente medieval, siempre receloso del oriente cristiano. Y, para situarnos en el tiempo, es el siglo XII, sobre todo durante su primera mitad, el siglo de oro de la pintura románica europea.

Escena del Juicio Final, San Angelo in Formis, Capua, Italia
Escena del Juicio Final, San Angelo in Formis, Capua, Italia

¿Cuándo comienza la pintura románica, cuándo finaliza?

Es difícil marcar una fecha de origen en un mundo tan convulso como el medieval. Se habla del año 800, cuando Carlomagno es coronado, se habla de un referente carolingio. Pero también figura como influencia  la pintura ítalo-bizantina, además de aquella definida como mozárabe. Asimismo, nunca hay que olvidar el arte paleocristiano cuando se analiza cualquier manifestación artística del románico. La difusión se debe a las órdenes religiosas, como la Benedictina, y gracias a los monasterios de Montecasino (en Italia) y Cluny (en Francia). España recibe a estos monjes benedictinos a finales del siglo XI, que no vienen solos, sino que portan con ellos los manuscritos carolingios.

Vista de la Abadía de Monasterio de Montecasino (después de la reconstrucción tras los daños en la Segunda Guerra Mundial), Italia  © Pilecka
Vista de la Abadía de Monasterio de Montecasino (después de la reconstrucción tras los daños en la Segunda Guerra Mundial), Italia © Pilecka

De todas formas, como se ha dicho desde un principio, a cada país hay que añadirle otras influencias. Como ejemplo podemos nombrar España, que si se habla de un legado brillante visigodo, no quedan restos. Debemos esperar hasta el siglo XII, y es en el Reino de Aragón (que siempre tiró hacia la pintura italiana), donde se dan los mejores ejemplos. En el Reino de León (hizo lo propio relacionándose con la francesa) vemos menos ejemplos pero son de la misma calidad. Y, si en el XIII comienza a decaer la producción de pintura, pues también se dejan de construir templos, a comienzos del siglo XIV la producción es rústica, sin novedad y de baja calidad, como vemos en la decoración mural de la iglesia de Valdeolivas, Cuenca. Este Pantocrátor se estudia como el último legado de pintura románica en Europa.

Pantocrátor, siglo XIV, de la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Valdeolivas, Cuenca © AdriPozuelo
Pantocrátor, siglo XIV, de la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Valdeolivas, Cuenca © AdriPozuelo

Volviendo a León, al Panteón de los Reyes de su Basílica de San Isidoro, vemos unas pinturas que cubren las bóvedas del recinto. Son escenas que narran la historia de la Infancia, Pasión y Resurrección de Cristo, y como vemos son escenas bíblicas, pero aquí se tratan como temas más cotidianos. Como ejemplo, en la escena Anuncio a los pastores, vemos al ángel con una figura estilizada y con larga túnica mientras que a los pastores se les representa de una forma más terrenal, más natural y simple. El tratamiento minucioso del resto de la figuración hace suponer que el autor conocía la zona, por lo tanto se le considera local y no francés. Y si las montañas se sugieren por bandas onduladas de colores ocre y azul, las restantes figuras se dibujan con trazo firme y delineadas en negro.

Anunciación a los pastores, Panteón de los Reyes, San Isidoro de León
Anunciación a los pastores, Panteón de los Reyes, San Isidoro de León

Un caso peculiar lo encontramos en Toledo, en su iglesia de San Román. Es en este templo donde sus pinturas, además de dar a conocer el complejo mundo cristiano, nos transporta a la Córdoba califal a través de la famosa bicromía de las dovelas de los arcos y de sus motivos vegetales y geométricos. Acerca de estas pinturas se dice que no instruyen sino que decoran, y queda muy claro que ambos estilos conviven sin mayor problema. Es más, las figuras cristianas y los motivos islámicos son todo uno, así vemos esta decoración recorriendo muros y rodeando ventanas y arcos de claro estilo musulmán. Por lo tanto sí decoran y sí instruyen, y aunque es complicado definir en pocas palabras el motivo de esta iconografía, se pone de manifiesto la combinación de ritos litúrgicos, el mozárabe y el romano. En cualquier caso no se puede negar la diferencia que supone analizar la pintura de esta iglesia con otra de Francia. Es cierto que el arte Mozárabe gusta de la decoración, pero también hay que tener en cuenta que siguen siendo símbolos, representaciones, y que no muestren escenas infernales no quiere decir que no instruyan al creyente.

Interior de la Iglesia de San Román, Toledo © Paula Ayguadé
Interior de la Iglesia de San Román, Toledo © Paula Ayguadé

El final de esta pintura románica también es complicado de marcar, aunque muchos sostienen que el ocaso toma por nombre Giotto, y que, en cualquier caso, se produce en la Toscana, Italia. El arte medieval de este país siempre irá unido al mundo bizantino, al vestigio romano, y ya con artistas como Cimabue y Duccio di Buoninsegna se va acercando al llamado primer Renacimiento. Y es que Italia siempre irá unida al arte clásico, pues convive con los recuerdos físicos, es decir, que es un país con innumerables vestigios de la época. Italia es considerado un país donde el arte será más para contemplar que para estudiar, más para el deleite que para la instrucción. Es, a la sazón, un arte detallista, más natural que esquemático, y el artista se toma sus propias licencias. Así, el románico italiano beberá de lo romano, y así, el renacimiento lo hará de lo románico y bizantino. En el medievo italiano no se habla tanto de románico, de gótico, sino de Estilo Duecento, Trecento

Crucifijo, por Cimabue, Museo de la Santa Croce, Florencia (foto tomada antes del aluvión de 1966)
Crucifijo, por Cimabue, Museo de la Santa Croce, Florencia (foto tomada antes del aluvión de 1966)

¿Dónde vemos estas pinturas, qué técnicas y temas se emplean?

Hoy día la gran mayoría de los muros de las iglesias permanecen vacíos, pero hubo un tiempo en que estas moles de piedras (muros, pilares y ábsides) se cubrían de pinturas y mosaicos. Su función era narrar, instruir, como lo hacía la pintura carolingia. Para ello acentuaban el movimiento en las figuras, para darle más vida, pero eso sí: nunca pecando de realismo. El ejecutor de la obra era un monje, que si tenía cierta libertad en exagerar ciertas expresiones, carecía, generalmente, de mando a la hora de escoger el tema. Es decir, las fuentes eran evangélicas, ya sean canónicas o apócrifas, como también lo eran las leyendas hagiográficas (aquellos relatos que cuentan la vida de los santos) y los bestiarios.

Pantocrátor de San Clemente de Taüll, © Museo de Arte de Cataluña
Pantocrátor de San Clemente de Taüll, © Museo de Arte de Cataluña

Tampoco elegían por gusto los colores, éstos eran tomados de tratados (orales o escritos). Así entramos de lleno en la paleta cromática, siempre brillante, y se ha dicho que no pecan de realidad pues son pinturas que muestran toros verdes, leones rojos, burros azules…no interesa la realidad, parece ser que dan más importancia a una armonía cromática. Por otra parte, los tonos negros y blancos también se manifiestan, y si el primero se emplea para delimitar contornos y estructurar formas, el segundo se usa para otorgar a la imagen más viveza y brillo.

Pantocrátor de la Iglesia de Berzé-la-Ville, Borgoña, Francia © Janker
Pantocrátor de la Iglesia de Berzé-la-Ville, Borgoña, Francia © Janker

Para comprender mejor la terminología y el contexto histórico se recomienda consultar los siguientes enlaces

El arte anglosajón e irlandés: los códices miniados y las cruces de piedra

La pintura sobre tabla y la miniatura románica

Arte románico: el desnudo humano y el Pantocrátor

La simbología en el arte románico

Simbología y origen de la iconografía cristiana

Bibliografía Consultada

(2011)  ALEGRE CARVAJAL, E., La pintura románica. UNED, Madrid

(1994) VV.AA. El arte románico. Historia del arte. Editorial Nerea, Madrid

(2012) EHRENFRIED KLUKERT., La pintura románica. Toman R., (Coordinador) El Románico. H.F. Ullmann, Postdam

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4 comentarios sobre “La pintura románica

  1. Estupendo artículo, como siempre. En el grupo del románico donde estoy en Facebook, “Amigos del románico del Norte”, están teniendo mucho éxito todos los que realizas sobre ese tema. Muchas gracias de nuevo, un saludo.

  2. Como siempre es un placer poder compartirlo, 🙂
    Un abrazo, Charo
    Por cierto, me he unido a vuestro grupo….sí, la verdad es que manejáis mucha información y me vendrá muy bien para los estudios.

  3. Muchas gracias por tú blog al que me unido recientemente y a los articulos que me van a servir para disfrutar, aún más, de las visitas a las exposiciones y museos

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