El arte hispano-musulmán de los Omeyas

Interior de la Mezquita de Córdoba © Jim Gordon

De Siria a Hispania, de Damasco a Córdoba. La dinastía de los omeyas, en el año 756, se establece en Al-Ándalus. Aunque como es sabido, fue en 711 cuando los musulmanes entran por primera vez, aprovechando guerras internas, en la vieja Hispania. Unos dicen que a la Hispania Visigoda la dominaron por completo, otros que excepto un minúsculo territorio del noroeste, y los hay quienes afirman que los sarracenos no consiguieron dominar ni la franja cantábrica ni los Pirineos. Los primeros mantienen que llegaron a controlar completamente la Península Ibérica, e incluso el sur de Francia, pero perdieron la Batalla de Poitiers (batalla de Tours) frente a las tropas de Carlos Martel en el año 732, frenando así la expansión por occidente.

Batalla de Poitiers, en octubre de 732, por Charles de Steuben (Museo del castillo de Versalles, Francia)
Batalla de Poitiers, en octubre de 732, por Charles de Steuben (Museo del castillo de Versalles, Francia)

Regresando a Siria, al año 750, Marwan II (último califa omeya) es asesinado por los partidarios de Alí, primo y yerno del profeta. Aquí entran de nuevo los omeyas de Damasco, no considerados gobernantes legítimos por varias fracciones musulmanas, es más, el odio hacia ellos fue más intenso ya que según sus detractores abrazaron la fe cuando ésta fue ya triunfante. Sí, los omeyas conquistaban pero no islamizaban. Eso levantaba ampollas entre los seguidores de Abu al- ‘Abbas, fundador de la dinastía abásida. Sí, occidente y oriente, de Hispania a Pakistán, todo se concentraba bajo dominio omeya. Y es en este territorio donde convivía toda ciencia y religión, toda cultura y tradición, siempre y cuando se pagasen los tributos establecidos. Este gobierno, para un seguidor y descendiente de Alí, era insostenible, se trataba de una gran ofensa.

Mapa, califato omeya de Damasco en 750
Mapa, califato omeya de Damasco en 750

Y así fue que nada más asesinar a Marwán II, los líderes de la revolución abásida invitan a un banquete a toda la familia y a todos los aliados de ésta, los llamados clientes, los mawali. No querían saber nada de los omeyas, ninguno debía quedar con vida. Pero el joven príncipe Abd al-Rahmán logra escapar de la matanza atravesando desiertos, buscando sinceras alianzas, y con la ayuda de unos pocos sobrevivientes termina encontrando refugio en tierras berberiscas, donde su madre, cristiana berebere de la tribu Nazfa, contaba con apoyos. Allí se junta con bereberes, yemeníes y sirios. Se le unen por desavenencias con los actuales líderes, por viejos problemas, pero también por los antepasados del príncipe, y porque parece ser que le querían, que le admiraban, pues su abuelo, Hisham ibn al-Malik, antiguo califa omeya, también fue muy querido y respetado por las tropas berberiscas, árabes y sirias asentadas en al-Ándalus.

Pueblo bereber, valle del Ourika, Marruecos © Jean-Marc Astesana
Pueblo bereber, valle del Ourika, Marruecos © Jean-Marc Astesana

Estando así las cosas y meditando cómo llevar a cabo semejante empresa, transcurren varios años en los que se van  forjando fuertes alianzas. Así, desde Ceuta, con experiencia y arropado por numerosos fieles entra en la antigua tierra de los Vándalos, en la que iba a convertirse en su al-Ándalus. Pero no todo fue fácil. Tuvo que lidiar con el gobernador Yusuf al Fihri, a quien logra vencer en las cercanías de Córdoba. Es en esta ciudad, con apenas veinticinco años, donde “refunda” la dinastía familiar, donde se autoproclama Emir, pero no lo hace de cualquier modo sino a lo grande, como emirato independiente de Bagdad, como más tarde secundarían aglabíes y tuluníes en el norte de África.

Abd al-Rahman llega a al-Ándalus desde el norte de África
Abd al-Rahman llega a al-Ándalus desde el norte de África

Hay que recordar que abd al-Rahman I supo contener las envestidas abásidas, de la misma manera que no podemos olvidar que renegó de reconquistar antiguos territorios. También supo, al menos mejor que sus predecesores, convivir con una población heterogénea, y es que al-Ándalus fue tierra de todo tipo de culturas: eslavos, judíos, cristianos mozárabes, bereberes… Se dice que el nuevo gobierno supo contenerlos y contentarlos, no así los amos anteriores, quienes se repartieron lo mejor de los territorios, dejando los restos, las marcas (fronteras), a los bereberes. Ese fue un error que pagaron caro y que Abd al-Rahman, el rubio de ojos claros, el recién llegado, el advenedizo, el emigrante, el que trajo las palmeras a España (a las que dedicaba poemas desbordantes de nostalgia), supo aprovechar durante algo más de treinta años, hasta su muerte.

Estatua de Abd al-Rahman, Almuñécar, Granada, España © Noel Walley
Estatua de Abd al-Rahman, Almuñécar, Granada, España © Noel Walley

Ya en 929, Abd al-Rahman III se nombra califa. Así se rompe todo vínculo con Bagdad. Se habla entonces del califato de Córdoba, independiente hasta en lo religioso, se habla de la ciudad más importante del occidente, solo comparable con la Constantinopla bizantina. En los siguientes apuntes se irán analizando mezquitas y ciudades palatinas, claros ejemplos del gran esplendor que vivió el califato. Pero esta Córdoba duraría poco más de una centuria, pues con Almanzor, primero chambelán y más tarde general, el apodado martillo de los cristianos, se inicia la decadencia de una de las ciudades más cultas del medievo europeo, comenzando así una dictadura militar, el principio del fin.

'Bosque de columnas', interior de la Mezquita de Córdoba © Joe
‘Bosque de columnas’, interior de la Mezquita de Córdoba © Joe

Almanzor fallece en 1002 y se suceden tres décadas donde reina la anarquía. Se reemplazan numerosos califas, impuestos y depuestos por el ejército, incapaces de asegurar el orden y el progreso, no sin problemas claro está, que consiguieron Abd al-Rahman III y su hijo al-Hakem II, hasta que termina dividiéndose el califato en pequeños reinos de Taifas, enfrentados entre ellos. Esto lo aprovechan almorávides y almohades, pero esto pertenece a otro capítulo de la historia de al-Andalus…

Estatua de Almanzor (al-Mansur, 'El Victorioso)) en Calatañazor, Soria, España © Islami
Estatua de Almanzor (al-Mansur, ‘El Victorioso’) en Calatañazor, Soria, España © Islami

Características del Arte Hispanomusulmán

Dentro de este periodo conocido como cordobés, sin olvidar la mezquita toledana de Bab al-Mardum, destaca la Gran Mezquita de Córdoba y su ciudad palatina, la Medinat al-Zahara. Y, al estudiar cualquier manifestación de arte islámico nos toparemos con reminiscencias. En al-Andalus son más que notables las influencias romanas, visigodas y bizantinas.

Interior, Mezquita de Córdoba (cubierta y arcadas)  © Alex Proimos
Interior, Mezquita de Córdoba (cubierta y arcadas) © Alex Proimos

Siempre se habla de los orígenes árabes como comerciantes y pastores, siempre de su bajo nivel cultural, pero no hay que olvidar que allí donde conquistaron, allí se rodearon de intelectuales. Persas, hindúes, cristianos…de entre todas estas culturas, paulatinamente, supieron crear una estética y una cultura propia. En lo que respecta a la arquitectura, a las artes decorativas, de los visigodos emplean los aparejos de sillería a soga y tizón más las columnas, que como las romanas, las reutilizan para sus construcciones. Es más, si hacía falta realizarlas, se inspiraban en los órdenes corintio y compuesto.

Modelos de Aparejo (soga y tizón)
Modelos de Aparejo (soga y tizón)

Sus capiteles son al principio un tanto bruscos para pasar más tarde a elaborarlos a la bizantina, es decir, estos capiteles muestran un follaje con profundas y pequeñas oquedades, resaltando contrates de claroscuro. Recuerdan a simple vista a los nidos de avispa, de ahí que se nombren de avispero.

Capitel en Madinat al-Zahra, Córdoba  © Francisco Jesús Ibañez
Capitel en Madinat al-Zahra, Córdoba © Francisco Jesús Ibañez

Por lo que respecta a los arcos, al principio se emplea el de medio punto y el de herradura visigodo. Visigodo puro al principio para pasar hacia uno más cerrado, característico de la arquitectura musulmana tanto en Oriente como en Occidente. Son arcos vestidos, decorados por el alfiz, es decir, por una moldura horizontal y dos verticales que forman triángulos, llamados albanegas por los maestros islámicos.

Alfiz, Alcazaba de Málaga © Rama
Alfiz, Alcazaba de Málaga © Rama

Las dovelas, es decir, las piezas en forma de cuña que forman un arco, las podemos encontrar decoradas o lisas. Las más famosas son aquellas que presentan colores alternados, como el rojo y el blanco. Seguimos viendo arcos, pero viajamos en el tiempo, lo hacemos al siglo X, donde en el arte ya califal, ya triunfante, vemos arcos lobulados (entrecruzados y superpuestos) y de herradura apuntada, también llamado túmido.

Detalle de Arco Lobulado (arte Mudéjar), Palacio de Pedro I, Alcázar de Sevilla, España © Anual
Detalle de Arco Lobulado (arte Mudéjar), Palacio de Pedro I, Alcázar de Sevilla, España © Anual
Arcos en la Arquitectura Islámica
Arcos en la Arquitectura Islámica

Sobre la decoración encontramos la misma que en otras zonas del imperio: vegetal (ataurique), de lacería (geométrica) y epigráfica (inscripciones coránicas). Se concluye esta breve introducción con las cubiertas. Las tenemos de madera, pero también a base de bóvedas: la más frecuente es la bóveda de cañón. También se emplea con asiduidad la bóveda de arista (aquella que resulta de la intersección de dos bóvedas de cañón). Además, se usa la bóveda nervada, cuyos nervios paralelos dos a dos no se cruzan en el centro. Y no hay que olvidar una muy vistosa, la cúpula gallonada (bóveda semiesférica), a la manera de gajos de naranja.

Cúpula del Salón de los Embajadores, Reales Alcázares de Sevilla © Jim Gordon
Cúpula del Salón de los Embajadores, Reales Alcázares de Sevilla © Jim Gordon
Bóvedas y Cúpulas en la Arquitectura Islámica
Bóvedas y Cúpulas en la Arquitectura Islámica

Para comprender mejor la terminología se recomienda consultar los siguientes enlaces

La Mezquita: origen y estructura

Arquitectura y Decoración en el Arte Islámico

Introducción al califato de los abásidas

Introducción a la dinastía omeya

Bibliografía Consultada

(2011) GONZÁLEZ VICARIO, M.T., La dinastía omeya y el califato de Córdoba: el arte hispanomusulmán. UNED, Madrid.

(1995) BORRÁS GUALIS, G.M. Arte cordobés (emiral y califal). España, crisol de tres culturas. Historia del Arte Español. Barcelona, Planeta.

(1954) PIJOÁN, J. Volumen XII. Enciclopedia Summa Artis. El Arte Islámico. Espasa-Calpe, S.A., Madrid.

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2 comentarios en “El arte hispano-musulmán de los Omeyas

  1. Como siempre, me encantan tus Apuntes de Historia del Arte, y especialmente el arte hispano musulmán, así que con tu permiso iré colgando los artículos sobre el tema que has realizado en los grupos de Historia y Arte en los que estoy. ¡Muchas gracias y un saludo!!!!

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