El Marfil Barberini

Marfil Barberini, detalle, © Marie-Lan Nguyen
Marfil Barberini, detalle © Marie-Lan Nguyen

Este famoso políptico en marfil, que pertenecía a la colección de la familia Barberini, y que ahora se encuentra en el museo del Louvre, en París, manifiesta la riqueza material y la calidad técnica de la eboraria bizantina.
Y, es este ejemplo, como lo son los mosaicos y las pinturas de Bizancio, un vehículo para encumbrar el poder real del emperador. Veamos sus partes, pues se dividen en cuatro, analicemos su significado.

Marfil Barberini, detalle, © Marie-Lan Nguyen
Marfil Barberini, detalle, © Marie-Lan Nguyen

Marfil/Políptico Barberini, siglo VI, Museo del Louvre, París

Volvemos de nuevo al tema central de cesaropapismo, es decir, la relación entre lo sagrado, lo divino, y el poder, lo mundano. En su placa central, casi en altorrelieve, se muestra la imagen de un soberano a caballo. Esto se trata de una referencia clásica, es decir, que el emperador toma como modelo los antiguos retratos ecuestres del Imperio Romano. Interesante se torna la figura que le sostiene la lanza al emperador. Hay quien le toma por un sometido pero los hay también que creen que se trata de un aliado. Su aspecto y su mitra ayudan a identificarlo con un persa. Es por eso posible que el emperador retratado sea Zeno o León I el Grande, ya que Anastasio tuvo que lidiar durante años con los persas y en el caso de Justiniano el modelo es bastante clásico, no correspondiéndose con su acostumbrada idealización.

Marfil Barberini © Marie-Lan Nguyen
Marfil Barberini © Marie-Lan Nguyen

Ya en la placa superior vemos el reconocimiento divino y en la inferior el sometimiento de los vencidos. Arriba, en el centro, vemos a Cristo en un clípeo (medallón) todavía imberbe y bendiciendo a la griega, sostenido por los ángeles que le flanquean. Abajo, los llamados bárbaros de distinta procedencia ofreciendo todo tipo de objetos: coronas, colmillos, especias, e incluso fieras. Dos placas más completan la obra. Una ha desaparecido y la otra muestra a un criado entregando al emperador una pequeña figura que simboliza la victoria.

Marfil Barberini © Jastrow
Marfil Barberini © Jastrow

¿Qué sigue mostrando la obra?

Una exaltación de poder distinta a la de su tiempo. Y es que no vemos rigidez, hieratismo. Tampoco apreciamos frontalidad. Vemos de nuevo una referencia clásica, y la notamos en el realismo de la obra, en la minuciosidad de la representación. La vemos en la anatomía del caballo y en los pliegues del ropaje. En cualquier caso no supera ni iguala al arte clásico pues carece de profundidad, de perspectiva. Lo que domina la escena es la imagen del soberano, desproporcionado respecto a todo lo que vemos. Una vez más, aunque parezca que todo cambie, todo sigue igual. Aquí, lo que importa, es el triunfo del emperador que aparece en la obra.

Consulta

(2011) TUSELL GARCÍA, G.: Talleres imperiales y trabajos en marfil. El Arte Bizantino de los Siglos VI y VII. Historia del Arte de la Antigua Edad Media. Manual-UNED, Madrid.

(1980) PIJOÁN, J.: Los dípticos consulares. Arte Bizantino, vol. VII, Summa Artis. Espasa-Calpe, Madrid.

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