Los Mosaicos Bizantinos de los siglos VI y VII en el Exarcado de Rávena

Procesión de Vírgenes, San Apolinar el Nuevo © Incola

Procesión de Vírgenes, San Apolinar el Nuevo © Incola

Sus fragmentos cubren paredes preparadas con dos o tres capas de mortero y simbolizan el esplendor, muestran la magnificencia del Imperio Bizantino. En cuanto a lo técnico, acompañado de lo simbólico y de lo artístico, resalta la ingeniosa aplicación de los cubos de vidrio, más ligeros, y que reflejan una luz que se funde con piezas oscuras. Otra de las características es la riqueza cromática. Los colores brillan, como brilla el poder y el lujo, como brilla la luz, la divinidad. Este arte del mosaico bizantino tiene como gran precedente al arte y a la política del Imperio Romano y al posterior arte y símbolo del mundo paleocristiano. Así regresamos al Exarcado de Rávena, a tres de su templos más importantes, para analizar lo más relevante de su decoración musivaria, es decir, para analizar sus mosaicos.

'La Trinidad', detalle del mosaico Ofrenda de Abraham, Iglesia de San Vital, Rávena, © Bot

‘La Trinidad’, detalle del mosaico Ofrenda de Abraham, Iglesia de San Vital, Rávena, © Bot

Decoración Musivaria en la Iglesia de San Apolinar el Nuevo

Destacan los mosaicos de la nave central. Los más antiguos datan de la década de los veinte del siglo VI y pertenecen a la parte superior. Los de la parte inferior fueron realizados alrededor de los años 40 del mismo siglo y sustituyen a los de la época del Rey Teodorico (474-526).

Interior de San Apolinar el Nuevo, Nave central, Procesión de santos mártires © Hiro-o

Interior de San Apolinar el Nuevo, Nave central, Procesión de santos mártires © Hiro-o

Parte superior: los vemos sobre las ventanas y son 26 paneles que muestran la vida de Cristo: sus milagros y el ciclo de la Pasión. En el espacio entre ventanas se aprecia la decoración a base de figuras de profetas y patriarcas.

Parte inferior: a uno de los lados vemos santos y al otro vírgenes en procesión. El primer séquito, encabezados por San Martín, se encamina hacia un Jesús entronizado y flanqueado por ángeles; el segundo, junto a los tres Reyes Magos, hacia la Virgen María con el niño.

Procesión de Vírgenes, San Apolinar el Nuevo © Sailko

Procesión de Vírgenes, detalle, San Apolinar el Nuevo © Sailko

Procesión de Santos Mártires, San Apolinar el Nuevo, © Sailko

Procesión de Santos Mártires, detalle, San Apolinar el Nuevo, © Sailko

Viendo ahora las similitudes entre los frisos se analizará el resto de características. Así, bajo el fondo dorado se muestra la vida y la ciudad bizantina, el cesaropapismo, es decir, la unión entre lo político y lo religioso. Pero también vemos, en lo artístico, ausencia de perspectiva, rigidez en las figuras, frontalismo en los cuerpos y rostros e individualización de los personajes. Y vemos además, acompañado de una profunda expresividad, una especie de abstracción en los rasgos más importantes de los personajes. Vemos pues el llamado carácter intemporal del mosaico de bizancio. No podemos olvidar la suntuosidad en los ropajes y joyas de las mujeres, característica clave en esta primera edad de oro bizantina.

Palacio y edificios antiguos de Rávena, San Apolinar El Nuevo, © Bot

Palacio y edificios antiguos de Rávena, San Apolinar El Nuevo, © Bot

El cortejo de santos parte de la propia ciudad de Rávena. En un primer plano del mosaico vemos el palacio y tras éste monumentos cupulados, baptisterios, y tejados a dos aguas. Se trata de una vista muy sugerente de la antigua ciudad. Las vírgenes, por su parte, salen en procesión del barrio del puerto, in Classe, cercado por murallas.

Mosaico del Puerto di Classe, San apolinar El Nuevo, © Ptyx

Mosaico del Puerto di Classe, San apolinar El Nuevo, © Ptyx

Decoración Musivaria en la Iglesia de San Apolinar in Classe

Destaca su ábside y arco de triunfo, donde se muestra a San Apolinar orando a la antigua, es decir, con los brazos extendidos y las palmas hacia arriba, junto a seis corderos a cada lado. Sobre el santo aparece una gran cruz dentro de un medallón con fondo a base de estrellas. Y, lo que verdaderamente destaca del ábside no es la decoración en sí sino su simbolismo, lo artístico.

Ábside de San Apolinar in Classe, © Werner

Ábside de San Apolinar in Classe, © Werner

¿Qué es lo que se muestra? la mano de Dios que asoma del cielo y a sus lados las figuras de Moisés y Elías más tres corderos que representan a los santos Pedro, Santiago y Juan. Una novedad a la hora de tratar la transfiguración.

Ya en el arco, y del siglo VII (incluso del IX), se representa al Cristo Pantócrator con el Tetramorfos, que representa los cuatro elementos (los cuatro evangelistas) donde Cristo sería el quinto, el unificador. Además del Tetramorfos aparecen los doce corderos que salen de Jerusalén y Belén que también se dirigen hacia Cristo.

Mosaico del ábside, detalle de la cruz, San Apolinar in Classe, © Incola

Mosaico del ábside, detalle de la cruz, San Apolinar in Classe, © Incola

Decoración Musivaria en San Vitale

Sus mosaicos son considerados los más bellos de Rávena. Y, aunque con el tiempo muchos de ellos han perdido la gracia de antaño, todavía quedan intactos aquellos que decoran el presbiterio, el ábside y la cubierta. Sus mosaicos siguen la estela del siglo precedente, como los ejemplos del mausoleo de Gala Placidia, pero la gama de color es más copiosa, mucho más rica. Vemos así más que los verde-azul y oro del mausoleo. En San Vital apreciaremos azules claros, violetas, variedad de grises e incluso los conocidos como tonos rojos de sangre de buey. El oro, por supuesto, también aparece, pero no tanto como para apagar la fuerza de los otros colores. Sobre todo el que aparece en la bóveda del ábside, es un arte que recuerda al helénico, de vivos colores y perspectiva, de movimiento, de vida. Sus temas, variados, pertenecen tanto al antiguo como al nuevo testamento y se analizarán seguidamente.

Cordero místico, San Vital de Rávena, © Jansoone

Cordero místico, San Vital de Rávena, © Jansoone

Ábside

Siguen la estela del siglo anterior e influenciarán notablemente en la basílica romana de Santa María Maggiore. En la bóveda destaca la figura de Cristo joven con cabello corto y un nimbo (la aureola, el halo místico). Lo vemos sentado sobre la bola del mundo ataviado con una túnica púrpura flanqueado por dos ángeles, San Vital y el obipso Eclesio. El santo, vestido a la manera de la corte, recibe de Cristo la corona de su martirio mientras que Eclesio presenta una maqueta de un templo, su propia iglesia. La escena muestra las figuras sobre un fondo florido irrigado por los cuatro ríos del Paraíso. Lo que se aprecia en las enjutas, es decir, en las pechinas, son las ciudades de Jerusalén y Belén, ciudades que simbolizan el origen y destino del ser humano, judaísmo y antiguo testamento, y cristianismo y nuevo testamento.

Mosaico de Cristo Joven, San Vital y el obispo Eclesio, San Vital de Rávena © Jojan

Mosaico de Cristo Joven, San Vital y el obispo Eclesio, San Vital de Rávena © Jojan

El resto de las escenas del presbiterio es eucarístico. Vemos numerosas escenas de sacrificios. Así tenemos a Abraham, recibiendo a los ángeles (la trinidad) y que junto a Jeremías y Moisés, éste recibiendo las tablas de la ley, ofrece a su hijo Isaac. También, en el tímpano de la derecha, vemos a Abel y Melquisedec ofreciendo sacrificios. El primero ofrece al cielo un cordero y el segundo una copa sacramental y dos panes-hostias. En su centro vemos una corona con el cordero, que representa a Jesús, asido por cuatro ángeles. Son temas ya representados en Siria y Palestina desde el siglo III. Pero son temas que no se emplearán mucho más en la historia del arte y suponen, por tanto, el final de una etapa en el arte cristiano.

Ofrendas de Abraham y Melquisedec, Iglesia de San Vital, Rávena, © Jansoone

Ofrendas de Abel y Melquisedec, Iglesia de San Vital, Rávena, © Jansoone

Ofrenda de Abraham, Iglesia de San Vital, Rávena, © Jansoone

Ofrenda de Abraham, Iglesia de San Vital, Rávena, © Jansoone

Ya en el centro del ábside, en las paredes, aparecen Justiniano y Teodora, que representan el poder político y religioso.

Mosaico de Justiniano, San Vital de Rávena, © Bot

Mosaico de Justiniano, San Vital de Rávena, © Bot

Mosaico de Teodora, San Vital de Rávena, © Neuceu

Mosaico de Teodora, San Vital de Rávena, © Neuceu

Lo que vemos es un oblatio, o lo que es lo mismo, una ofrenda, y en la que el emperador se presenta como máximo pontífice. Por eso lo vemos portando corona y halo de santidad, además de llevar en sus manos una bandeja de oro. Por eso le vemos acompañado del arzobispo Maximiliano, cortesanos y guardias. Todo lo que se muestra de los personajes es alargado, las túnicas ayudan al efecto. Y no se aprecia perspectiva, todo sucede bajo un fondo dorado, otorgando a la escena la planitud de lo sacro. Van a realizar una misa, de ahí que muestren al espectador una patena, una cruz, evangelios e incienso.

Mosaico de Justiniano, San Vital de Rávena, detalle, © Jansoone

Mosaico de Justiniano, San Vital de Rávena, detalle, © Jansoone

Justo al otro lado vemos la escena que protagoniza la emperatriz, portando un cáliz de oro, y ataviada de joyas, diadema y collar, además de su túnica púrpura con bordados de oro mostrando el cortejo de los reyes magos. No es la única bien ataviada, el resto de su séquito también se muestra bien engalanado. Todo transmite lujo y poder. Como diferencia respecto al otro mosaico presidido por el emperador, vemos que este fondo sí muestra variedad de objetos y tonos, y no sabemos si Teodora sale de palacio o de un interior sagrado. Este oblatio, con precedente en el Imperio Romano, que nunca llegó a realizarse pues los emperadores no viajaron a Rávena, pretende hacer justicia divina, es decir, el triunfo del cristianismo sobre la considerada herejía arriana, y, a su vez, la unión entre Cristo y Justiniano. Esto situaba al emperador bizantino como intermediario entre el mundo terrenal y el divino. Él debía hacer triunfar el reino de Cristo en la tierra.

Mosaico de Teodora, San Vital de Rávena, detalle, © Jansoone

Mosaico de Teodora, San Vital de Rávena, detalle, © Jansoone

Son estos artífices expertos en la técnica del mosaico quienes ejercerán influencia tanto en el arte islámico de los omeyas como en la llamada segunda edad de oro del arte bizantino. Y de esta manera, su arte será requerido tanto en Oriente Próximo como en el Este de Europa. Su arte nos habla de una cosmogonía oriental, es decir, de la peculiar forma que a lo largo de los siglos explica el origen del mundo.

Bibliografía consultada

(2011) TUSELL GARCÍA, G.: La arquitectura en el exarcado de Rávena. El Arte Bizantino de los Siglos VI y VII. Historia del Arte de la Antigua Edad Media. Manual-UNED, Madrid.

(1980) PIJOÁN, J.: Las iglesias de Rávena del siglo VI. Arte Bizantino, vol. VII, Summa Artis. Espasa-Calpe, Madrid.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s