El Arte de los Primeros Cristianos

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Orante, Catacumba de San Calixto, Roma © Tablar

Paleocristiano, primitivo. Más bien antiguo. Sí, antiguo, pues ‘paleo’ viene del griego clásico ‘palaiós’, que se traduce como antiguo. El arte paleocristiano es “el primer arte” de los cristianos.
Primer arte pues se convirtió en el puente entre lo clásico y lo medieval. Por eso al arte paleocristiano también se le conoce como arte bajo imperial romano. Y es que se desarrolla durante los cinco primeros siglos de nuestra era. También sabemos que hasta el año 313, cuando se celebra el edicto de Milán que dejó bien claro que los cristianos eran libres para celebrar tanto su culto como su arte.

Icono de los santos emperadores Constantino y Elena
Icono de los santos emperadores Constantino y Elena, impulsores de la libertad del culto cristiano

Periodo anterior al Edicto de Milán (año 313)

Roma aceptaba toda religión venida de fuera siempre y cuando respetase la figura del emperador. Pero la gran mayoría de los cristianos de entonces no querían o no sabían aceptar la figura de un emperador reconocido como divino pues ellos mantenían que su único rey era Jesús (aunque éste les anunciara: mi reino no es de este mundo). Y, estando así las cosas, los cristianos sufrieron diez persecuciones, siendo bajo el poder de Nerón cuando comienza la primera de ellas.

Crucifixión de San Pedro, por Caravaggio
Crucifixión de San Pedro, por Caravaggio

¿Qué hicieron entonces? La Domus Ecclesiae y El Martyrium

Reunirse. El lugar elegido fue el ‘triclinium’ de la casa, es decir, lo que para nosotros podría ser el salón-comedor. Lo hicieron porque era el lugar más amplio y privado de la vivienda. Allí realizaban la ‘synaxis’, del griego ‘sunaksis’, que se traduce como reunión/asamblea. Así, la ‘Domus’ pasa a llamarse Domus Ecclesiae.

La más antigua que se conoce se ubica en la ciudad de Dura Europos, en Siria, y data del siglo III. Algunas de sus amplias estancias, modificadas, podían llegar a albergar hasta sesenta personas. Los que querían visitar la casa debían acercarse hasta las murallas de la ciudad y atravesar el patio rodeado de columnas, como lo hacían sus contemporáneos en el imperio romano, como lo hacían los antiguos griegos. Todo normal, nada extraño en esos tiempos de acoso.

Partes de una Domus

Partes de una Domus (se recomienda hacer click en la imagen para distinguir las partes)

Una vez dentro, en una de las estancias, contemplaban el baptisterio rectangular con cubierta de madera y la pila de mampostería adosada a una de las paredes. Paredes que estaban cubiertas con pinturas (actualmente mal conservadas) que muestran distintas escenas bíblicas: Adán y Eva en el paraíso, El Buen Pastor, David matando a Goliath, San Pedro caminando sobre las aguas y la curación del paralítico por Jesucristo. Comienza así un arte cristiano como medida de instrucción.

Baptisterio de Dura Europos
Baptisterio de Dura Europos

Por otra parte, el Martyrium escondía el cuerpo de un mártir cristiano. Se trata de una construcción de planta central estrechamente ligada a las ‘heroa’ paganas. Estas ‘Heroa’ (heroon en singular) servían para homenajear a los difuntos de la Edad Antigua, pues eran tratados como héroes.

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Heroon en Sagalassos, Turquía © Haluk Comertel

Catacumbas, cella memoriae y sarcófagos en el arte Paleocristiano

Los primitivos cristianos no querían ser enterrados junto a los paganos. Entonces, para solucionar el problema, lo hacían en los jardines de las viviendas privadas (las Domus Ecclesiae) pero la comunidad crecía y crecía, por lo tanto comenzaron a comprar terrenos en los arrabales (suburbios) de Roma, surgiendo así las famosas catacumbas. ¡Algunas eran inmensas y llegaban a tener hasta cinco galerías!

Via Appia Antica, Roma  © Musmeci
Via Appia Antica, Roma © Musmeci

Y, debido a guerras e invasiones, éstas fueron olvidadas, ignoradas…hasta el siglo XVI. Fue en este siglo unido al Renacimiento, unido al resurgir del poder en Roma bajo el papado, cuando se dice que por casualidad se descubre en la vía Salaria una de las antiguas catacumbas. El interés suscitado fue tremendo y eruditos como Antonio Bosio dedicaron su vida al estudio de estos cementerios subterráneos, a la recuperación de, como él bien imaginó, una ciudad subterránea bajo Roma. Ya en el siglo XIX el arqueólogo Juan Bautista de Rossi siguió estudiando las catacumbas y creó lo que se conoce hoy día como la moderna ciencia de la arqueología cristiana.

Catacumbas de Santa Priscilla, Roma
Catacumbas de Santa Priscilla, Roma © antika.it

Partes de las Catacumbas

Imaginemos que accedemos a una de estas catacumbas. Veremos que las estrechas y altas galerías, llamadas ambulacra, presentan en sus paredes, abiertas en sentido longitudinal, unos huecos rectangulares (llamados loculi) cerrados con losas de mármol o ladrillo donde se depositan los difuntos. Por otra parte, aquellos enterramientos ubicados donde se cruzan varias galerías (las cubicula) albergan un nicho semicircular conocido como arcosolium, que acogen el cuerpo de un mártir. Y a poco que estemos atentos veremos que los pasadizos laberínticos combinan zonas sombrías con otras muy iluminadas por una luz que se se filtra gracias a los lucernarios.

Catacumbas de San Calixto
Catacumbas de San Calixto

Cella Memoriae

Una humilde capilla funeraria ubicada al aire libre, sobre las catacumbas, esto son las cellas memoriae. Sus pequeñas dimensiones de planta cuadrada o trilobulada servían para la ceremonia cristiana cuando poco a poco se fue tolerando a los cristianos. Pero tras la libertad de culto de toda religión, incluida la cristiana, la construcción no progresa. La reutilización de las antiguas basílicas romanas y las nuevas construcciones basilicales adaptadas sirven ya para todo culto. Nace así la Ecclesia, es decir, la iglesia como sinónimo de reunión, de asamblea, para la reunión de todos los fieles. Pero esto es parte de otros apuntes, de la Paz de la Iglesia tras el famoso Edicto de Milán.

Basílica de Santa Sabina, nave principal. © Oliver-Bonjoch
Basílica de Santa Sabina, nave principal. © Oliver-Bonjoch

Los sarcófagos cristianos

De origen pagano, la palabra sarcófago proviene del griego, y significa ‘que come carne’, pues sarkós se traduce como carne y fágo “yo como”. Estos sarcófagos solían estar prefabricados y aunque sus frentes estaban terminados, sólo se esbozaban los rasgos del difunto. Su retrato se encontraba dentro de un medallón circular (clipeum) en el centro de la cara anterior del sarcófago. Cuando se compraba entonces se ultimaban los detalles y sólo tres de sus frentes se labraban, pues uno se dejaba sin relieves a fin de adosarlo a la pared.

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Copia del sarcófago de Junio Basso, siglo IV a. C. Museo della civiltà, Roma © Giovanni Dall’Orto

Debido a que practicaron la inhumación, la producción fue considerable y su tipología variada. Los relieves se pueden presentar en un friso o en uno doble, presentando una serie narrativa seguida, aunque también se ven muchos en los que las escenas se separan mediante columnas, arcos o incluso árboles. También podemos encontrarlos con estrígeles (decoración a base de acanaladuras sinuosas). Son mucho más sencillos, pues las zonas ocupadas por el relieve se reducen al centro y los extremos. Un buen ejemplo de esta tipología lo encontramos en el de Baebia Hertofila.

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Sarcófago de Baebia Hertofila, siglo III. Museo de las Termas, Roma

Simbologia y Origen de la Iconografia Cristiana

Volvemos a las catacumbas pero regresamos para contemplar sus pinturas, unas pinturas al fresco que recuerdan al arte de Roma y Pompeya: al arte grecorromano.
Pero, al ser pinturas cristianas, revelan una temática y un mensaje particular.

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Escena de Natividad en las Catacumbas de Priscila, Roma, Italia © KAI40

¿Por qué?

La pintura paleocristiana parece impresionista e ilusionista pues su trazo se ha ejecutado con gran velocidad y sus manchas son casi monocromas. Y, aunque estén creadas en un ambiente funerario, son pinturas que expresan la esperanza en la vida eterna. Son pinturas que, como todo arte sacro, educan al nuevo creyente, le instruyen, en este caso, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento.

Los jóvenes hebreos en el horno, catacumbas de Priscila, Roma
Los jóvenes hebreos en el horno, catacumbas de Priscila, Roma

Todo lo que veamos en estas pinturas será realizado con gran sencillez en tonos pardos, rojos y verdes. Serán imágenes enmarcadas por líneas que dividen las paredes y los techos de las catacumbas. Son esquemáticas, sin apenas detalle, y no vemos rostros individualizados. ¿Pero les importaba a quienes las realizaron? No. Parece ser que sabían que estaban ejecutando imágenes-signo, es decir, que sólo deseaban sugerir. Parece ser que esta abstracción está unida al neoplatonismo del filósofo Plotino, en una estética basada en la imperfección pero efectiva a la hora de mostrar el ‘Nous‘, es decir, el conocimiento, la idea misma de acercarse a lo relacionado con la divinidad. De ahí que sea una pintura jerarquizada y simétrica, de ahí que sea una pintura alejada del naturalismo y que se hable de alegorías. Por lo tanto, siguiendo el ideal filosófico cristiano, quien encarga este tipo de pinturas podría argumentar: ¿para qué hacerlo como los antiguos griegos y romanos? ¡No se trata de un arte que pretende ser la imagen de una imagen!

Plotino visto por Rafael Sanzio en su Escuela de Atenas
Plotino visto por Rafael Sanzio en su Escuela de Atenas

De todas formas no se olvida del todo el legado grecorromano pues para esta pintura funeraria reutilizan imágenes del repertorio pagano, seleccionadas previamente y adecuadas a sus intereses evangélicos. Y así, algunos mitos se incorporan a la iconografía cristiana. ¿Quién podía darse cuenta del matiz? Sólo aquella persona que conociese las sagradas escrituras, aunque era difícil probar que no se veneraba al César. Y es que, en el mundo del arte, las imágenes nunca dejan de ser símbolos, representaciones, y así, Orfeo es personificado por Jesuscristo cuando el primero baja al limbo y Eros y Psique aluden al alma unida a la divinidad por el amor, entre otros ejemplos.

Detalle del Eros y Psique, por Antonio Canova, Museo del Louvre, París
Detalle del Eros y Psique, por Antonio Canova, Museo del Louvre, París

Pero además de la mitología clásica se utilizan otras imágenes que parece que representan una sola cosa pero en realidad esconden un mensaje nuevo. Así tenemos el famoso crismón, el monograma de Cristo, donde apreciamos las dos primeras letras entrelazadas de su nombre en griego, X y P (ro griega). Poco después se le añade a los lados la primera y la última letra del alfabeto griego, alfa y omega, esto es, que el monograma alude a que Cristo es el principio y fin de todas las cosas. Y, si vemos un crismón rodeado por un sol y una la luna estamos ante un ejemplo de crucifixión.

Crismón
Crismón

Y, si seguimos con más ejemplos también podemos ver que una vid no es sólo una vid, sino que se trata de la sangre de Cristo. Por otra parte, el famoso pez alude al nombre de Jesús, y es que la palabra griega IXZUS, que significa pez, está formada por las cinco primeras letras de: Iesos Christos Theou Uios Soter (Jesucristo hijo de Dios Salvador).

IXZUS
IXZUS
Pez eucarístico, catacumbas de San Calixto, Roma
Pez eucarístico, catacumbas de San Calixto, Roma

Siguiendo con más ejemplos podemos mencionar el pavo real, el ancla y la paloma. ¿Dos animales y un instrumento de la navegación? Sí, pero además simbolizan la inmortalidad (pues la carne del pavo siempre ha sido sinónimo de dureza, de incorruptibilidad), la esperanza/amistad y la liberación, respectivamente. La paloma portando una rama de olivo alude a la libertad, a la liberación del alma gracias a la sabiduría (así al menos se entendía desde los primeros tiempos del cristianismo).

Bajemos ahora a las catacumbas de San Calixto y Santa Priscilla, viajemos al siglo III de nuestra era. Veamos tres ejemplos.

El Buen Pastor, Cripta de Lucina, Catacumbas de San Calixto, Roma, principios del siglo III

“Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas”. Tomado literalmente del evangelio de Juan se muestra como un antiguo tema pagano griego conocido como el Moscóforo (éste portaba un ternero). Aristeo, hijo de Apolo y de la ninfa Cirene, es el dios de la agricultura, de la ganadería y de la caza. Cristo es ahora Aristeo, y se muestra representado en un círculo rojo que le rodea. ¿La oveja que porta al hombro? Simboliza el alma.

El Buen Pastor, catacumbas de San Calixto, Roma
El Buen Pastor, catacumbas de San Calixto, Roma
Detalle del Moscóforo, Museo Arqueológico de Atenas, © Tetraktys
Detalle del Moscóforo, Museo Arqueológico de Atenas, © Tetraktys

Banquete Eucarístico, Capella Grecca, Catacumbas de Santa Priscilla, Roma. Finales del siglo II.

Se trata de una de las escenas más repetidas en el arte paleocristiano. La de la capella greca se muestra sobre un fondo plano de color rojo, como se hacía desde antiguo en  Roma, pero no muestra el ágape pagano, es decir, el ritual fúnebre en torno a la mesa en forma de sigma y en honor al difunto que ya se realizaba durante el helenismo y que luego adaptó Roma, sino que vemos un banquete eucarístico. Apreciamos cómo el personaje central se dispone justo en ese momento a partir el pan, la “fractio panis”, es decir, la comunión con Dios.

Banquete, catacumbas de Santa Priscila, Roma
Banquete, catacumbas de Santa Priscila, Roma

Orante, mujer con velo, Cubiculum de la Velatio, Catacumbas de Priscilla, Roma. Finales del siglo III.

Es cierto que se trata de un tema poco representado en el mundo antiguo sin embargo hay referencias literarias donde aparece el gesto de elevar los brazos con las palmas abiertas y mirando al cielo, como en la Eneida de Virgilio, y que como todos hemos hecho alguna vez, representa un clamor que sale de dentro hacia algo o alguien de fuera. Es algo así como pedir algo desde el corazón. Y, no sólo se sabe que aparece en la literatura, también lo vemos en las monedas romanas.

Orante, catacumbas de Santa Priscila, Roma
Orante, catacumbas de Santa Priscila, Roma

Aparecen como la pietas, que podemos traducir como comportamiento religioso, como deber y como lealtad, pues la pietas es una de las virtudes romanas. Y todo este preámbulo para decir que la Orante no sólo es leal a su religión cristiana, sino que clama a Dios por los vivos, ruega por ellos. También se relaciona con la liberación del alma. Ya con el tiempo, en el arte bizantino (el arte cristiano que permaneció en Oriente hasta 1453), la orante se convierte en la Madona que también ruega con los brazos alzados.

Para comprender la terminología y el contexto histórico se recomienda consultar los siguientes enlaces

Los códices miniados prerrománicos

La pintura sobre tabla y la miniatura románica

La pintura románica

Bibliografía consultada

(2011) GONZÁLEZ VICARIO, M.T.: Introducción al arte cristiano. Madrid, Editorial Universitaria Ramón Areces. UNED.

(1967) GRABAR, A.: El primer arte cristiano (200-395). Madrid, editorial Aguilar.

(1985) GRABAR, A.: Las vías de la creación de la iconografía cristiana. Madrid, Editorial Alianza Forma.

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