El arte anglosajón e irlandés: los códices miniados y las cruces de piedra

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Monasterboice, Irlanda © Kevin King

Finales del siglo V. Anglos, Sajones, Jutos y Frisones pretenden conquistar las islas del occidente, las Islas Británicas.

Allí se encuentran con la evangelización de san Patricio, que tomando como base Irlanda predica la nueva fe mediante numerosos monasterios. Así, el santo  y sus discípulos cristianizan el lugar desde el año 452, y durante el siglo VII las sedes monásticas se extienden por territorios celtas: Escocia y Armórica (actual Bretaña francesa). En Inglaterra san Agustín de Canterbury evangeliza el lugar, convierte al cristianismo a los reyes sajones y funda en Canterbury el primer monasterio benedictino fuera de Italia. Pero Inglaterra sufriría un periodo de crisis y cambios a finales del siglo VIII con la llegada de otro de los pueblos del norte, los llamados ‘Vikingos’. Y aunque se ha mencionado la difusión religiosa de los monasterios, no se va a hablar de su arquitectura (pues son escasos los restos arqueológicos) sino de la miniatura y de las cruces de piedra.

Recreación de un desembarco vikingo. © Joyce Hill

Recreación de un desembarco vikingo. © Joyce Hill

Los Códices Miniados

En este arte llamado anglo-irlandés ya se acaba de apuntar la esencial importancia de los monasterios. Allí realizaban copias de la Biblia, prefiriendo los Evangelios, que en algunos casos, cada monacato, los decoraba a su gusto. Se sabe por informes de la época que la referencia fueron obras que procedían de scriptorium romanos, y que portaban los misioneros. Una vez en las islas, realizaban dichos códices, donde en las primeras páginas se incluían distintas temáticas (abstractas y figurativas, zoomorfas o antropomorfas), decoraban las iniciales, también algunas líneas de texto, e incluso en ciertas obras imitaban la decoración del tapiz, poniendo empeño a los dibujos de entrelazos, vegetales y zoomorfos (figuras de animales).

Ruinas de la iglesia monástica de Lindisfarne, finales del siglo XVIII, vista por el pintor inglés Thomas Girtin

Ruinas de la iglesia monástica de Lindisfarne, finales del siglo XVIII, vista por el pintor inglés Thomas Girtin

En lo que respecta a la figuración antropomórfica (figuración humana) ésta suele aparecer rígida, contrastando notablemente con las formas animales y vegetales. Tenemos pues ciertas características importantes en estos trabajos miniados: ornamentación a base de espirales y aretes, iniciales decoradas y figuras encuadradas de diversas maneras, destacando un dinamismo en aquellas figuras no humanas. Seguidamente se analizan de forma breve varios ejemplos de códices miniados, viendo su evolución artística durante los siglos VII y VIII.

Evangelio de San Marcos, Libro de Durrow, fechado hacia el año 680

Evangelio de San Marcos, Libro de Durrow, fechado hacia el año 680

Los ejemplos más antiguos los encontramos en el libro de Durham y en el de Durrow. En el primero, que sólo conserva una parte, vemos decoración vegetal y geométrica. El de Durrow, del año 680, muestra una figura humana simplificada y rígida que muestra el tetramorfos con animales poco naturalizados. Su referencia se encuentra en los trabajos realizados en la metalistería y el marfil.

Libro de Durrow, fechado hacia el año 680

Libro de Durrow, fechado hacia el año 680

Si damos un salto en su tiempo nos encontramos con los Evangelios de Lindisfarne y el de Lichfield. Se inicia el siglo VIII, y el salto cualitativo es enorme. Muestran figuras más humanas, pero por supuesto sin olvidar su símbolo, su función. Se dice que responden a patrones orientales, bizantinos, donde se muestra una evolución en las posturas, mucho más naturalistas y con un cierto interés en el tratado de volúmenes.

Evangelios de Lindisfarne, siglo VIII

Evangelios de Lindisfarne, siglo VIII

El libro de Kells, del siglo VIII, supone la culminación del arte miniado en Irlanda. Se acerca al arte Carolingio y en sus más de 300 páginas se intercalan numerosos ejemplos de labor miniada. Muestra riqueza en el colorido y mayor volumen, aunque la figura sigue siendo esquemática, sigue siendo un símbolo.

Libro de Kells, siglo VIII

Libro de Kells, siglo VIII

A medio camino entre Durrow, Lichfield y Kells tenemos el Evangelario de Echternach, de finales del siglo VII, que incluye uno de los ejemplos más conocidos del arte miniado de las islas. En él vemos un león, símbolo de san Marco, mucho más ágil, pero que el fondo geométrico sigue plasmando la rigidez de los primeros.

Evangelario de Echternach

Evangelario de Echternach, datado a finales del siglo VII

Las Cruces Prerrománicas de Irlanda

Es en estos siglos altomedievales donde además de códices tenemos las cruces. Así las tenemos, talladas en madera para después utilizarse en piedra, conmemorando las victorias en la batalla, pero a lo largo del siglo VII dejan de tener dicho carácter para convertirse en lugar de culto a la Virgen y a los Santos. Su tosquedad y gran tamaño son un importante precedente a la escultura románica monumental, y aunque se estudien como toscas, es innegable su belleza vistiendo los verdes prados de la zona. Sí, pueden parecer toscas, pero talladas a bisel evolucionan en los siglos IX y X hacia la figuración. Es entonces cuando vemos escenas del Antiguo y Nuevo Testamento.

Ruinas de la Abadía de Timoleague, Condado de Cork, Irlanda © Ingo Mehling

Ruinas de la Abadía de Timoleague, Condado de Cork, Irlanda © Ingo Mehling

Las cruces de piedra se levantan sobre una base trapezoidal y sus brazos se presentan rodeados por un círculo o anillo. La decoración que presentan es variada, aunque abundan relieves representando temas bíblicos y Cristológicos, que transmiten el mensaje de salvación y redención. En estas cruces no apreciaremos alusión al mundo grecolatino, es decir, no veremos referencias a la proporción clásica. La decoración será geométrica y abstracta, empleándose el entrelazo, típico del pensamiento de estas gentes del norte.

Cruz de Moone, Irlanda © kgs

Cruz de Moone, Irlanda © kgs

Seguidamente, y ya para finalizar, se analizan de forma especialmente breve (breve porque se centran en su relación con la nueva fe) las Cruces de Moone y Muiredach. Éstas evolucionan e incorporan elementos nuevos, mostrando así el paso hacia el románico. La primera data del siglo IX y ofrece como novedad la incorporación de la figura. La segunda data del siglo siguiente y presenta una ligera evolución. Es decir, si nos fijamos en el punto de unión de sus dos brazos apreciamos un Cristo crucificado en el centro y flanqueado por los soldados. En el reverso de la cruz se representa el Juicio Final.

Cruz de Muiredach, Monasterboice, Irlanda © Adriao

Cruz de Muiredach, Monasterboice, Irlanda © Adriao

Para comprender mejor la terminología y el contexto histórico se recomienda consultar los siguientes enlaces

El arte de las invasiones

La pintura románica

La pintura sobre tabla y la miniatura románica

La miniatura mozárabe: los Beatos

Bibliografía Consultada

(2011) TUSELL GARCÍA, G., El arte anglosajón e irlandés: los códices miniados y las cruces de piedra. UNED, Madrid

(2012) KLUCKERT, E., Los manuscritos irlandeses y anglosajones. El Románico. H.F. Ullmann. Postdam

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